La esquina

josé / aguilar

A Rajoy se le agota el tiempo

SI es usted andaluz, soltero, tiene entre 30 y 34 años, con estudios secundarios, y ha estado trabajando con anterioridad en la construcción o la hostelería, es más que probable que esté en el paro. Pero eso ya lo sabe de sobra. Para los lectores que no lo sepan: con las variables más repetidas entre los seis millones y cuarto de parados que conforman el primer drama nacional se dibuja el retrato robot del desempleado español. Y resulta que hay más parados en Andalucía que en ninguna otra comunidad autónoma, que son más los parados que las paradas -aunque existe más presencia masculina en el mercado laboral-, que el desempleo está más vinculado a una educación primaria o secundaria que a la superior, que los jóvenes acuden más al INEM que a su hipotético puesto de trabajo y que entre los que ya han trabajado alguna vez, pero no ahora, abundan los que lo hicieron en el ladrillo y la hostelería.

A todas estas personas lo único que les sobra es tiempo. Al Gobierno, por el contrario, le falta. Se le agota. Se le ha agotado ya el que razonablemente le concedió la sociedad española para poner orden en el desastre que dejó Zapatero. Lleva casi año y medio Rajoy en la Moncloa y la herencia recibida no puede seguir siendo la coartada. Su gobernación la ha fundamentado en un silogismo parecido a éste: olvidemos el programa electoral que la profundidad y gravedad de la crisis hizo inservible y hagamos sacrificios sin cuento para sanear la economía enferma que, una vez reajustada por dosis insólitas de austeridad, volverá a crecer, creará empleo y se hará más sólida y productiva.

El silogismo ha fallado en el tramo final, que es precisamente el único que justificaba las proposiciones más duras de asumir. Sí, los cinturones se han apretado como nunca, la prima de riesgo está controlada, los bancos siguen ganando dinero y la bolsa respira, pero el empleo continúa en un bucle de destrucción al que no se le ve final. Y dado que eso de que haya puestos de trabajo era el gran objetivo final, la explicación de todas las penalidades anteriores, la única fórmula imaginable para evitar la exclusión de amplias capas de la sociedad y el mejor mecanismo conocido para asegurar la cohesión colectiva, su ausencia reiterada, multiplicada y enemiga de la propaganda y el triunfalismo constituye un gran fracaso. Del Gobierno y de España.

A ver cómo explica Mariano Rajoy que todavía necesita otra prórroga.

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