La esquina

José Aguilar / Jaguilar@grupojoly.com

Rajoy, desleal

LOS dos personajes que tienen posibilidades reales de gobernar a partir del 9 de marzo están rectificando sus posiciones más radicales, aunque no se sabe si la gente va a creer ya en su sinceridad. Algo de eso influyó en que la última concentración antiterrorista, por una vez unitaria, resultase tan desangelada. La unidad de PSOE y PP es, hoy por hoy, impostada. Quizás se les vea demasiado a los dos el plumero preelectoral.

De la rectificación de Zapatero he hablado en unas cuantas ocasiones. Ya no se refiere a la negociación de la paz, sino a la derrota de ETA, que es lo que no tuvo claro durante la falsa tregua o no logró que ETA tuviese claro. La ilegalización del nuevo brazo político de ETA (ANV) llegará más temprano que tarde -en realidad, está al caer-, poniéndose fin a ese invento antijurídico de la conveniencia política según el cual un partido puede ser legal en un pueblo e ilegal en el pueblo de al lado. Desgraciadamente parte del mal está hecho, y los alcaldes y concejales electos de ANV seguirán gobernando sus ayuntamientos y financiándose con dinero público. Gajes del proceso de paz, versión ZP.

Rajoy también lleva una temporada moderándose. Se ha despegado notoriamente del singular líder de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y cada vez despierta más hostilidad entre la intelectualidad orgánica de la ultraderecha. Ha incitado a Zapatero a ilegalizar a ANV y ha dicho que le gustaría escucharle que no negociará más con ETA, pero sin exigírselo. Su talante es tan diferente al que ha mantenido durante tres años que uno ha de pensar por fuerza que la unidad antiterrorista sincera habría sido posible si los llamados a construirla hubiesen sido generosos y leales, en lugar de sectarios y mezquinos.

Rajoy no ha sido leal. No es que haya criticado los pasos que iba dando Zapatero en relación con ETA, es que los ha denunciado como una traición a España y a las víctimas del terrorismo. No es que haya denunciado que Zapatero se ha equivocado mucho (casos De Juana y Otegi, por ejemplo), es que le ha negado de plano la buena fe, le ha acusado de ceder políticamente ante ETA y ha llevado el terrorismo al Congreso permanentemente. No es que haya rebatido a Zapatero sólo con argumentos y con hechos constatables -como aquí hemos hecho con frecuencia-, es que lo ha acorralado con un sofisma falto de ética: "Si no cumple con ETA, le pondrán bombas, y si no le ponen bombas es porque ha cedido".

Dice que con una banda terrorista no se puede negociar nunca y se queda tan tranquilo, habiendo sido ministro de un Gobierno que intentó negociar y también fracasó (por culpa únicamente de ETA, como éste). No ha ayudado a Zapatero a salir de sus errores.

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