Las dos orillas

José Joaquín León

Rajoy no hace la cama

ES normal que España esté en crisis. Va el líder de la oposición y ganador virtual de las próximas elecciones según las encuestas a un programa de Cadena 100 con niños, y de ahí sale el siguiente titular: "Mariano Rajoy no cocina ni hace la cama". Aunque sí ayuda a sus hijos con los deberes de Geografía e Historia. Ya tenemos otro problema de envergadura en la política nacional. Algo parecido a cuando Zapatero no sabía el precio de un café. A Rajoy también se lo preguntaron ayer y contestó que el café cuesta "un euro", una respuesta optimista por su parte.

Pronto surgieron las primeras críticas. ¿Cómo es posible que el señor Rajoy no haga la cama en cuanto se levanta? ¿Dónde se queda eso de conciliar la vida laboral con la vida familiar y ese tipo de cosas? Las preguntas de los niños son las más difíciles. Ahí se la jugó Rajoy. Si hubiera ido a un desayuno con periodistas, le preguntarían por las elecciones anticipadas, las encuestas, la sucesión de Zapatero, o el caso Gürtel, a unas malas. Pero los niños preguntaron a Rajoy si se hace la cama, o cocina una tortilla. O si ayuda a los deberes a sus hijos. O el precio del café. O si ha pagado la hipoteca. Preguntas como las que le harían a un tío suyo de Pontevedra.

El problema para Rajoy es responder a esas cuestiones. Podría haber contestado que lo primero que hace todos los días, al levantarse, es dejar la cama como si fuera un camarero de hotel, y después lavarse la cara, ducharse, peinarse, etc. Afeitarse no, eso no, ese tiempo que se ahorra. Y después del desayuno, cuyo menú también dio a conocer, se mete en la cocina a guisar, dejando todo preparado para que su señora Elvira sólo tenga que calentarlo. Y que, una vez que ha terminado , y además ha planchado y limpiado toda la casa, aprovecha un ratito que le queda para irse a su despacho de la madrileña calle Génova a solucionar unos asuntos. Naturalmente, en Metro.

Mientras tanto, en su pisito de la Moncloa, el señor Zapatero hace los mismos deberes . Una vez terminados los cuales, pasa por su despacho. En este caso, sin necesidad de viajar en el Metro. Ese tiempo que se ahorra, a cambio del que pierde en afeitarse. Y, a media mañana, hace una escapadita a una cafetería (cada día de un barrio madrileño diferente) para pagar un café con leche y orientarse sobre los precios, IVA incluido, que para eso lo subió él mismo.

Estas vidas idílicas familiares de nuestros líderes políticos recibirían todas las bendiciones públicas. Se diría que son unos ejemplos estupendos para nuestra sociedad. Pero sería una visión más falsa que Judas. Es mejor que digan la verdad, en esto y en todo. Así serán más creíbles. Aunque todo el mundo se entere de que Rajoy no hace una cama desde que era universitario.

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