Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Nada como lo del Real Unión

Depare lo que depare esta ronda de Copa, el 'maracanazo' del Bernabéu eclipsará cualquier otra catástrofe

NINGUNA eliminación copera puede tener la resonancia de la que ha tenido la del Real Madrid. Escribo antes de que se celebre el grueso de la jornada y, pase lo que pase, nada tendrá la repercusión que ha tenido ese maracanazo entre históricos, que a ver quién es el guapo que le quita vitola de histórico al Real Unión de Irún. Si histórico fue por su papel en los inicios del fútbol, por las excelencias de aquel René Petit que nuestros mayores vieron como un anticipo de lo que medio siglo después iba a ser Alfredo di Stéfano, su prestigio se recupera con el gol de un tal Eneko Romo cuando ya no era posible una vuelta atrás.

Por mucho que el Realísimo quiera acostumbrar a su gente a estas cosas -léase Toledo y Alavés como batacazos coperos más recientes-, esa gente no quiere acostumbrarse y aquí va a arder Troya cualquier día de éstos. Cómo le debe estar pesando a Ramón Calderón aquel carísimo finiquito anticipado a Fabio Capello para cambiar a un estilo que enamorase. Lo de enamorar en fútbol es de las cursiladas más espantosas que utilizarse pueda. Si después de varios años dando tumbos, justo desde otro finiquito tan desafortunado como el de Del Bosque, Capello puso orden en el gallinero y, además, gana la Liga... En fin, que aquellos polvos trajeron estos lodos.

Y ahora, ¿qué? Pues a ir preparando otro pastón para un nuevo finiquito. El alemán, como nombra a Schuster su creciente legión de detractores, no tiene ya futuro alguno en el Realísimo. Sí, está a sólo dos puntos del Barça en la Liga, pero ni un solo entrenador puede sobrevivir a la sangría de goles que sufre el Madrid. Antier noche fue Dudek quien practicó el dontancredismo, pero los demás fracasos defensivos los vivió Iker. Lo primero que ha de hacer un entrenador es armar un equipo desde abajo y que luego haga goles dependerá muy mucho de la calidad de los delanteros. Pero lo primero es saber cómo se guarda la viña y la de este Madrid no tiene vallado.

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