Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Rebelde con causa

SE esperaba la caída de Estepona en la guerra contra la corrupción. Había quienes pensaban que no se iría más allá de Marbella, que la Justicia se acababa en San Pedro de Alcántara. Por Estepona pasaron casi todos, también muchos periodistas… ¿Nadie sabía lo que estaba ocurriendo allí? ¿Eran sólo los ciudadanos de a pie los que tenían el privilegio de conocer los secretos a voces de la Costa del Sol…? En vísperas de las municipales de 2007, titulaba esta columna Corrupción en las urnas -en las candidaturas del occidente malagueño se repetían nombres bajo sospecha- y me preguntaba si "volverían los partidos a sacudirse la responsabilidad más elemental" cuando llegase la hora de la Justicia.

¿Quién malaconsejó a José Bono para que, en la campaña de aquellos comicios, diera su aval a Barrientos? "Bono aplaude que Barrientos se peleara con Chaves por defender a los vecinos", titulaba el diario Sur (18.05.2007). Respaldo frente a la Junta y su presidente, que exigían al edil poner fin a las sucesivas irregularidades urbanísticas y cesar en su oposición al POT. "El bienestar de los vecinos -decía Bono- vale más que el PSOE. Tú no has sido cónsul del Gobierno andaluz en Estepona, sino el representante del municipio en el Gobierno andaluz. Eres rebelde con causa". Bendecidos así "la honradez, honestidad y los bolsillos de cristal" de Barrientos, el candidato recogió el ramillete de flores y prometió una gestión "no para unos pocos que se han enriquecido y que pretenden perpetuarse en el poder para seguir enriqueciéndose".

En Estepona, se creó una ciudad fantasma del periodismo, auspiciada, según se dijo, por el amor de Barrientos a la libertad de expresión, aunque más parecía aquello una Operación Triunfo con las voces que crean opinión en Madrid. Reuniones, congresos, muchas fotos, firmas en el libro de honor del Ayuntamiento, hoteles y talasoterapia… Hace más de cuatro años, sugería en Málaga Hoy: "¿Por qué no mostrar a jueces y fiscales las delicias de la talasoterapia? ¡Qué excelente rendimiento para la zona supondría levantar una ciudad de los jueces al borde del Mediterráneo!"

Jesús Gil abonó los pastos más jugosos de la Costa, pero había otra profesión periodística alejada de los pesebres. Bastaron dos reporteros, Woodward y Bernstein, para denunciar el espionaje del presidente republicano Nixon en el hotel Watergate, donde se reunía el comité nacional demócrata, y echarlo de la Casa Blanca. Barrientos no ha tenido un Washington Post, pero esta semana está consiguiendo el mayor éxito mediático de su corta biografía política, que ahora concluye.

Por cierto, los cartógrafos de la Justicia aclaran que la Costa del Sol no acababa en Marbella, pero la geografía política añade que tampoco termina en Estepona.

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