Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero / Infante / Caballeroinf@hotmail.com

Receta servilleta

QUE al boticario le pregunten constantemente por asuntos relacionados con los medicamentos es algo habitual y que entra, digámoslo así, en su sueldo. También es frecuente que le consulten sobre otros temas de índole personal que procura contestar con agrado.

No obstante, le mosquea, por agravio comparativo, que tanto consejo gratuito no sea valorado como en los casos de médicos y abogados.

Es conocida la respuesta del galeno a una joven amiga en el transcurso de una cena:

-Quiero consultarte una dolencia.

-Pues vete desnudando para que te reconozca.

También en los abogados es frecuente poner distancia ante el contertulio curioso.

La consulta médica callejera tiene un daño colateral que se llama boticario, víctima de la llamada receta servilleta. Esta nominación corresponde a la prescripción que escribe el médico amigo, en aras de la rapidez, sobre una servilleta.

El galeno oficializa el papelito poniendo abreviaturas como Dp/ o incluso firmando con su número de colegiado. Vano intento que no da legalidad a la prescripción. Si el boticario se niega a la dispensación puede estar denegando una asistencia sanitaria y, por el contrario, si acepta queda a merced de cualquier sanción administrativa.

Soledad es una gitana del barrio que casi siempre va mascullando lo mismo:

-Con lo garbosa que una ha sío y ahora, con más callo que una olla de menúo, ando como Chiquito de la Carsá.

Este personaje tiene, además, problemas dérmicos con tendencia a manchas y lunares que a veces viran a verrugas. Dada su procedencia gitana ha utilizado con frecuencia procedimientos caseros y hasta conjuros.

-Las noche de luna tú quema el afoto de un bisco en un tejao… ¡y no te quea una verruga!

Hoy ha venido insultando la medicina convencional.

-Ya me ha puesto la caja entera y entoavía ando peó.

Soledad trabaja de sirvienta en casa de una señora a la que un médico amigo le había prescrito en una receta servilleta una fórmula magistral para unas eritoescamas.

La señora, visto el buen resultado del preparado, le transfirió el papelito a su fámula que, de inmediato, fue a la farmacia más cercana y allí le dieron una caja de AAS.

El asunto, desvelado por don José tras enseñar la receta servilleta, quedó claro. En el papel, más que sudado, sólo se leía con claridad: ácido salicílico; y el segundo componente, colodión, había desaparecido con la humedad. Por ello en la botica le habían dado el analgésico que Soledad, de inmediato, se había puesto en los callos.

Este caso anecdótico ha servido una vez más para que don José valore el esfuerzo que desde muchos colegios profesionales y entidades farmacéuticas se viene realizando para homologar, de una vez por todas, la receta particular.

Porque no es sólo, la receta servilleta, la que pone al boticario en la difícil disyuntiva de atenerse pragmáticamente a la ley sanitaria o jugársela aplicando la ley moral de atención al doliente, sino otro tipo de formatos fáciles, además, de falsificar.

GLOSARIO:

AAS: Ácido acetilsalicílico

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