La ventana

Luis Carlos Peris

Recoger la naranja queda a cargo del barrendero

ESTÁN las naranjas en los árboles o pudriéndose en el suelo, que la forma más cómoda de recoger la naranja es en el suelo, cuando, empapochada, ha caído por madurez y por gravedad. Enclaves entrañables, hermosos, por el reino del azahar, están pavimentados de naranjas gordas, fofas, a punto de reventar. Tiempo ha, la naranja se recogía en su momento y plenas de vida, antes de que la rama se negase a sostenerla por lo que ya pesaba. Uno de los enclaves más hermosos del reino del azahar es la recoleta, intimista, placita de Doña Teresa Enríquez, una delicia de lugar en el que se respira Sevilla por sus cuatro esquinas. Pero con eso de esperar a que la naranja caiga para que quede bajo la jurisdicción directa del barrendero, el lugar está tan ennaranjado en su pavimento que ha perdido una barbaridad de encanto. Y así hasta puede alterarse el proceso vital del naranjo, especialmente el brote de su flor, el azahar.

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