La ventana

Luis Carlos Peris

Reconocimientos al árbol y a la rama que al tronco sale

TRÁFICO de influencias como Dios manda, como el representante de Cristo en la Tierra manda, que la caridad empieza por uno mismo, madre no hay más que una, a ti te encontré en la calle y la cuña de la misma madera es siempre la adecuada. Que ha dicho el Papa que dos sevillanos tan teutones, igual de teutones que él, como don Otto y su hijo Quino, no podían estar más tiempo sin el reconocimiento expreso del Vaticano a los laicos que laboran por la causa. El padre por su labor cristiana en el mundo de las cofradías y el hijo porque sin él posiblemente el Salvador estaría aún manga por hombro o, peor aún, sin comenzar sus obras. La medalla Pro Ecclesia et Pontifice, máximo honor de la Iglesia a laicos, ha ido a parar al pecho de estos ilustres baratilleros, magníficos sevillanos y, sin embargo, casi paisanos de un Papa al que apenas habrá costado convencer por su embajador en Sevilla, el cardenal amigo don Carlos.

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