Visto y oído

Antonio / Sempere

Recreación

La 2 de TVE se va a asomar a los desfiles procesionales de la localidad alicantina de Orihuela en las tardes del Jueves y el Viernes Santo. Pero lo que se va a desarrollar ante las cámaras no es lo que se ve durante un Jueves y un Viernes Santo habitual. Ambas jornadas procesionales han sido modificadas para que la transmisión televisiva luzca en todo su esplendor.

Se ha modificado el orden de las cofradías, se ha alterado algún itinerario, se han sacrificado cortejos, en fin, y en el caso de la procesión del Jueves incluso se ha cambiado el horario, que pasa de la madrugada profunda al ocaso de la tarde.

En lugar de ser la televisión la que escruta la realidad, la que escudriña el ritual y se acerca de puntillas a él, es la propia celebración la que queda a su servicio, transformándose. Justifican los puristas de la Semana Santa oriolana que no hay mal que por bien no venga, y que la transmisión de estas procesiones a través del Canal Internacional de TVE serán el espaldarazo que necesitan para ser declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional.

Personalmente no veo qué necesidad hay de realizar un spot promocional, un catálogo de virtudes de una determinada fiesta, cuando ésta se brinda, grande y gloriosa, tal y como es, sin necesidad de cambiar ni uno de sus puntos ni una de sus comas. Quien quiera conocer la Semana Santa oriolana, que trasnoche, que pase la madrugada en vela, que asista a la larguísima procesión general del Viernes Santo. La versión maquillada, la representación televisiva, no es más que eso, una representación de aquella otra, de la auténtica. No son las primeras ni serán las últimas fiestas que se ven condicionadas por las servidumbres de una transmisión. Pero sería deseable erradicarlas.

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