El balcón

Ignacio / Martínez

Reflexión

LA sosa campaña que acaba de terminar y la escasa participación que vaticinan las encuestas es el retrato de una realidad perniciosa: a los partidos tradicionales se les ha agotado la capacidad de seducir, al público le aburre la política oficial y está decepcionado con las instituciones. Y de Europa lo que verdaderamente interesaba era el dinero.

He leído durante esta campaña a un paisano de la antigua Alemania Oriental, en donde la UE ha invertido en fondos estructurales más de 60.000 millones de euros desde principios de los 90, decir que "mientras haya dinero, la Unión Europea está bien". Si parafraseamos a este buen hombre, ahora que aquí viene menos dinero, para los españoles la UE ha perdido atractivo.

Es enternecedor ver como el PSOE ha peleado durante toda la campaña por desterrar el fantasma de una gran coalición, provocado por una razonable reflexión del ex presidente González. Claman que no se parecen en nada. Pero no es así: hace cinco años, en vísperas de las europeas anteriores, el presidente Zapatero anunció que su candidato para presidir la Comisión Europea era el mismo que el de Rajoy: Durao Barroso, el campeón del PPE, que había hecho un discreto papel en su primer mandato. Cabe colegir que no deben ser tan diferentes los dos grandes partidos españoles.

La sosa campaña ha tenido algunos alicientes: Cataluña ha sido uno. Los partidos soberanistas catalanes pretenden mañana conseguir varios puntos más de participación en su territorio que en el resto de España, para demostrar al mundo una mayor vocación europeísta que la media española. Es una razón para no faltar a la cita con las urnas en Andalucía.

El otro asunto que ha suscitado interés ha sido la metedura de pata machista de Miguel Arias, al justificar su mal papel en el debate con Valenciano en TVE, que perdió claramente. Debió disculparse de inmediato por su frase soberbia, de superioridad intelectual, pero tardó una semana en hacerlo. Y termina la campaña con su figura empequeñecida y con un alto riesgo de perder la cartera de comisario a la que aspira desde hace décadas. Le costará conseguir el plácet del Parlamento Europeo.

En Europa hay países en los que es obligatorio votar por ley. Y otros en los que las listas son abiertas. Aquí ni una cosa ni otra. Pero si se anima a votar le recuerdo que tan útil es hacerlo por los grades partidos como por los medianos o pequeños. Todo voto es útil y luce con una circunscripción única en el conjunto de España. Que ustedes lo reflexionen bien.

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