La crónica económica

Joaquín / Aurioles

Regalos de Navidad

TODOS los comportamientos humanos son egoístas, al menos si se consideran desde una perspectiva económica. El funcionamiento del mercado no se entiende sin los precios, es decir, sin la contraprestación por lo que se entrega, y sin el egoísmo individualista de los derechos de propiedad, que permiten la utilización exclusiva y excluyente de lo que se adquiere. Además, están los incentivos que llevan a los individuos a aceptar costes y riesgos a cambio de expectativas de beneficios futuros. En este esquema, resulta difícil encajar el extraordinario fenómeno del gasto en regalos de navidad, que la Unión de Consumidores estima en 245 euros por persona en España y en 210 en Andalucía, donde por la crisis y la inflación se reducen las previsiones en 50 euros con respecto a 2006.

El análisis económico proporciona una amplia y, en cierta medida contradictoria, gama de explicaciones para comprender el comportamiento filantrópico. Junto a las motivaciones de tipo ético, religiosas (la caridad) o simplemente de conciencia o estatus social, están las que supuestamente persiguen compensaciones en forma de actitudes proclives a los intereses del donante, como el clientelismo, la lealtad personal y otros apoyos similares, tan habituales en las sociedades tradicionales y seguramente todavía vigentes en bastantes manifestaciones de la moderna. El regalo, en cualquier caso, es una manifestación cultural que adopta las formas más variopintas entre las diferentes sociedades, pero sobre cuya dimensión económica se levanta toda una industria en expansión que, como en tantos otros casos, ha tenido un desarrollo espectacular en la China contemporánea. El gobierno de ese país ha decidido conceder la denominación de Valle de los Regalos una zona próxima a la ciudad de Wenzhou, donde se concentran centenares de empresas dedicadas a la fabricación de utensilios que luego empresas y particulares adquirimos, especialmente en estas fechas, para regalar a nuestros clientes, familiares y amigos.

No es difícil encontrar teorías que expliquen el gasto de las empresas en regalos a sus clientes y proveedores, pero todo se complica cuando se trata de implicar a la economía en las relaciones con familiares y amigos. En estos casos no hay compensación, al menos inmediata, aunque algunos textos que se definen como de economía de las donaciones sostienen que se trata de un sistema que funciona, debido a que cada regalo genera una inercia de nuevos regalos y pone en marcha un mecanismo de correspondencias y reciprocidades. En la sociedad tradicional los intercambios desinteresados podían explicarse por las ventajas de la convivencia en comunidad, pero en las gigantescas ciudades actuales este tipo de intercambios sólo se pueden entender desde la perspectiva de la economía del clan. Asociaciones, voluntariado, organizaciones humanitarias y la propia familia formarían parte del sistema de clanes en los que competimos para alterar en nuestro beneficio la forma en que la sociedad reparte sus rentas. Quizás por esto invertimos en educación, que es una forma de regalo, aunque en absoluto desinteresada.

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