LOS medios de comunicación hemos recogido la noticia de la intervención quirúrgica que en el hospital Virgen del Rocío ha permitido la separación de dos siamesas destacando que este hito médico se ha debido a la aplicación de un programa informático de realidad virtual pionero en Europa. Esta aplicación facilitó la reconstrucción virtual y tridimensional de la anatomía de los bebés y prever cómo quedaría cada órgano - compartían hígado, esternón, diafragma, peritoneo, musculatura y vena umbilical- tras la operación. Pero el mérito no es ni del programa informático ni del bisturí, sino de las personas que los han desarrollado y manejado, y en especial de los 36 sanitarios que durante ocho horas aplicaron sus cinco sentidos a lograr que las pequeñas Hane y Youssra puedan vivir con plena normalidad, sin secuela alguna de su condición de siamesas. Por muchos medios tecnológicos que tenga un hospital, de nada sirven si no hay profesionales de primer nivel que sepan sacarles el máximo partido, como los del Virgen del Rocío, que no en vano es centro de referencia en Andalucía y segundo de España por su experiencia en este tipo de intervenciones. En este caso se da, además, la doble circunstancia de que la, como reza el dicho, "precisión del cirujano" y el avance técnico se han dado la mano en Sevilla, pues el programa informático tridimensional ha sido desarrollado por médicos del hospital e ingenieros de la Fundación Alcalá Innova. Asimismo, durante la intervención los médicos utilizaron unos cascos con cámaras diseñados conjuntamente con la Universidad Hispalense. Celebramos que tres instituciones sevillanas hayan demostrado cómo también se puede hacer I+D+i en nuestra tierra y destacamos el grado de minuciosidad con que se preparó la compleja intervención quirúrgica. Incluso el día antes hubo un ensayo general con muñecos y con el personal sanitario identificado por petos de colores. Como dijo el cirujano jefe, "todo funcionó como un reloj". No cabe mejor metáfora. Hospitales como el Virgen del Rocío funcionan las 24 horas del día en alerta permanente, para hacer desde un trasplante múltiple a una separación de siamesas y en la misión más hermosa de todas: salvar vidas.

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