Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Renuevos

LA salida voluntaria de Eduardo Zaplana, cuatro días después de consumada la derrota del PP, y el más que probable abandono de Ángel Acebes, concede, al menos en teoría, a Mariano Rajoy una libertad de acción como jamás ha tenido desde 2004. Eso está muy bien. Por mucho que nos quejemos los consumidores del incremento del interés de los préstamos en los últimos tiempos, nunca acumularemos una hipoteca de la magnitud de la que ha arrastrado Rajoy en el último cuatrienio, una hipoteca doble (o triple, vaya usted a saber) que le ha marcado los pasos que debía seguir y, sobre todo, el nivel de obstrucción que debía caracterizar su tarea en la oposición a Zapatero. Rajoy ha tenido que desenvolverse con el gravamen del fracaso, nunca digerido, de las elecciones de 2004. La bilis de aquella indigestión contaminó el cariz de la actuación política del PP durante los cuatro años siguientes. La conducta de la oposición se caracterizó por un aire de resentimiento y una búsqueda a la desesperada de explicaciones para aclarar una derrota inesperada y encontrar un culpable más allá de la propia impericia. La aversión a aceptar con franqueza la primera derrota ha traído la segunda.

¿Cómo se puede explicar que dos de las personas más conspicuas que tripularon la nave del PP desde el victorioso Gobierno de Aznar al estrepitoso fracaso de Rajoy en vez de ser relevadas fueran comisionadas para cocinarle en gran medida el tono de la oposición? ¿Era un reconocimiento o, más bien, un encargo para que recuperaran el poder con la energía del resentimiento que provocó el fracaso imprevisto?

Se va Zaplana -y Acebes parece que seguirá su camino-, pero se queda Rajoy para dirigir la renovación del partido y organizar un modelo de acción distinto, seguramente igual de contundente o más pero ojalá que menos acre, menos viciado por las malas artes que alcanzaron su máxima expresión con los delirios conspirativos del 11-M. Se marcha Zaplana y quizá Acebes y también han quedado inicialmente desacreditados los dos órganos de expresión que sirvieron de plataforma a las grescas de los dos cesantes, de forma que Rajoy, con su determinación de continuar al frente del partido para dirigir la renovación, se ha liberado de los anclajes de la conspiración y ha plantado cara a dos medios con vocación de preceptores de la derecha. Ya se verá en qué acaba todo.

(A estas alturas del artículo me llega la noticia de que José Blanco, secretario de Organización del PSOE, ha insinuado que tampoco renovará en el próximo congreso de los socialistas. No está nada mal. Un halo de sensatez parece que ha barrido a la clase política, Muchas emociones para tan poco tiempo. ¡Uf!).

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