Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Reproches mutuos

LO de Rajoy destrozando o neutralizando a sus rivales es un espectáculo casi de circo romano. Llevamos unas semanas viendo cómo la presión para que él forme un Gobierno estable crece exponencialmente… sobre Albert Rivera y sobre Pedro Sánchez, que no ganaron, ni de lejos, las elecciones. La opinión pública, la publicada y la de los mentideros sólo mira hacia Sánchez y hacia Rivera; y los mira con exigencia y malos ojos. Las terceras elecciones son una amenaza que recae, más que nada, ahora que Rivera se ha echado a un lado, sobre el PSOE, que va a tener que elegir, como le exigen desde dentro Fernández Vara y Alfonso Guerra, entre abstenerse o aceptar la responsabilidad de volver a las urnas. Lo que antaño fue "la fiesta de la democracia" ha devenido, a base de insistir, en "la desgracia y el bochorno". Es un cambio asombroso, que habría que explicar recurriendo a don Francisco de Quevedo que detectó que "todo lo cotidiano es mucho y feo".

El PSOE está abocado a un escenario endiablado haga lo que haga. Si vamos a unas terceras elecciones, el sambenito de la responsabilidad ya lo tiene -preventivamente- encima. Si con una abstención total o parcial, Pedro Sánchez permite el gobierno de Rajoy, éste habrá neutralizado de un golpe a los dos partidos de izquierdas. ¿Cómo?

Porque Podemos entonces entonaría la salmodia de que el PSOE es el socio tácito del PP, su apoyo en la sombra, y éste respondería con el estribillo de que Pablo Iglesias no le votó en su investidura, cuando pudo y se podía evitar el gobierno de Rajoy. Ese pimpampum tiene toda la pinta de entrar en bucle, porque Podemos se obsesionaría con la idea de ser el representante auténtico de la izquierda y el PSOE trataría de que no le arrebataran ese puesto. A eso hay que añadir las contradicciones de cada uno por su cuenta. Podemos ha perdido el aura de ganador y el halo de la novedad. El PSOE carga con todas sus contradicciones y problemas internos. Rajoy, que ve el tablero y el futuro como nadie, sabe que lo que no se destrocen entre ellos lo hará cada cual motu proprio.

Tal y como va a quedar el escenario político, el PSOE y Podemos pueden pasarse los cuatro años de gobierno en minoría del PP echándose arena a los ojos. Cuando paren un poco, agotados, Mariano sacará un proyecto de ley tan sensato y urgente que la opinión pública y los barones y los jarrones chinos exigirán al PSOE que lo apoye, y volveremos a empezar. El único que escapa de esa trampa es Rivera, pero ¿adónde?

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