Cuchillo sin filo

francisco Correal

Republicanos

CUANDO lo despierto, mientras se despereza con un teatro de enfados y risas, yo le llamo a mi hijo el rey de la mañana porque reina como nadie en sus dominios. Ayer, después de pronunciar esas mágicas palabras, pensaba en el mañana del Rey, en el incierto futuro de la Monarquía, que en ese sentido, el de la incertidumbre, demuestra estar al cabo de los tiempos. La noticia me la dio mi mujer, que es de la generación del príncipe Felipe. Han imputado a la infanta Cristina. Yo estaba en casa de unos amigos hablando con dos francesas, Anne Perret, una provenzal que canta como los ángeles, y Sibylle Marmande, descendiente de Jacques Monod, el Nobel que descubrió el ADN, ahijada de Jean-Paul Sartre y de Louis Aragon.

Yo les di la noticia a las francesas, republicanas por la gracia de Danton, y recordaba un dibujo de Peridis en el que presentaba a Juan Carlos I como le Roi aguardando a Mitterrand, ese rey sin corona que se dieron a sí mismos los franceses. No sé si va a barrer en las librerías La República de Platón después del laberinto en el que a esta muchacha lectora de La Vanguardia la ha metido un jugador de balonmano con apellido de astronauta ruso. La Monarquía española ha resistido cierzos y tempestades. Tuvimos reyes santos y felones, arquitectos y tarados, pero ahí está la institución. El Rey. Así firmaba la autorización para la primera edición del Quijote el 16 de septiembre de 1604. Preparando el cuarto centenario que organizó la ministra Carmen Calvo Poyato para mayor gloria de Zapatero.

El antimonarquismo es una tradición mucho más arraigada en España que el republicanismo, que sueña con reyes, pero de taifas. Ayer me protegí de la lluvia en la librería de Padilla y me senté junto a una estantería llena de volúmenes añejos con la historia de los Papas escrita por Ludovico Pastor. Abrí uno de ellos al azar y leí que Carlos V entró en España sin gozar del favor de sus compatriotas, que ahora lo visitan en su tumba de Yuste con la propina de buenos caldos y mejor chacina.

Las dos bodas reales que rodó Pilar Miró le salieron rana a los padrinos. Una por desamor, la otra por esta trapisonda balear que va a equiparar a Cristina de Borbón con Belén Esteban. Tuvo que venir otra empleada de Televisión Española para poner orden en la familia con las bendiciones de Rouco Varela. Vano empeño para volver a los telediarios por la puerta falsa.

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