Sine die

Ismael / Yebra

Réquiem por el artículo

EN los tiempos que corren, inmersos en los predios del relativismo cultural, la vulgaridad se ha extendido tanto que muchos intentan hacernos creer que todo está bien, que todo tiene su justificación y que todo el mundo tiene derecho a todo. Pero bien sabemos que no es así. A la hora de escribir, por ejemplo, como en otros aspectos de la vida, existen múltiples posibilidades de expresión.

Digo esto por un comentario que hace días me hizo alguien que aprecio y admiro profundamente. Se trata de un magnífico e independiente crítico literario, el cual me comentaba que las columnas literarias escaseaban en la prensa actual. Allá por los setenta, en la denominada transición a la democracia, él publicó un artículo a favor de los temas literarios que, ante la avalancha de acontecimientos político-sociales, comenzaban a ser raros en la prensa diaria. Como buen letrado, abogó porque la información no se politizara de forma exclusiva y se arrinconaran los clásicamente conocidos como artículos literarios. Pasó lo que tenía que pasar: los columnistas, salvo raras excepciones, se convirtieron casi todos en comentaristas políticos.

Mi amigo fue un auténtico visionario. La actualidad política copa casi la totalidad de los temas tratados por los columnistas de la mayoría de los diarios. Raro es un artículo que no trate sobre tema político. Incluso la información deportiva -¡eso en España se llama Real Madrid o Barcelona!- versa en gran medida sobre "política futbolística" o cotilleos relacionados con alguna estrella balompédica; se habla poco del fútbol en sí mismo.

No hace falta salir de esta página para comprobar que hay magníficos columnistas políticos que dignifican la profesión. Pero ello no es óbice para que se mantengan otras visiones del mundo y de la actualidad, igualmente necesarias en una prensa plural. La tradición periodística nos lleva al siglo XIX con Larra, Blanco White o Clarín, pasando posteriormente por Chaves Nogales, Azorín, Pla, Cunqueiro, Camba, Ruano, Umbral, Cela, Delibes, y tantos otros. Aunque parezca obsoleto, el periodismo literario es una forma de ejercer la literatura y no una actividad ajena a ella. Y un escrito periodístico podrá ser escueto y sintético, pero no tiene por qué ser prosaico. Lejos de desaparecer, habría que decir como el lema monárquico: El artículo literario ha muerto. ¡Viva el artículo literario!

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