la tribuna económica

Rogelio / Velasco

Rescate griego

AYER conocimos el dato de crecimiento de la economía griega del pasado año. Durante el cuarto trimestre el PIB se contrajo un brutal 7% respecto del mismo trimestre del año anterior, acelerando la caída libre en la que ya se encontraba en el trimestre anterior del 5% negativo.

Este dato supera con mucho las previsiones más negativas que se habían realizado y que han estado sirviendo como referencia para calcular el recorte del gasto y la previsión de deuda pública.

El acuerdo del Parlamento griego del pasado domingo, aceptando las condiciones impuestas por la troika (BCE, FMI y Comisión Europea), se ha realizado mientras ardían las calles de Atenas. Antes de que se conceda un préstamo de 130.000 millones de euros, el Gobierno tiene todavía que asegurar cómo va a recortar el gasto en 325 millones. Más tarde, para el resto del año, tiene aún que reducirlo en 3.000 millones adicionales.

A finales de marzo, vencen 14.500 millones que el Gobierno no puede pagar. Además, la gobernanza de la UE para abordar la actual situación es, sencillamente, catastrófica. Los parlamentos de Alemania, Holanda, Eslovenia, Austria y Finlandia tienen todavía que aprobar el desembolso de la ayuda, lo que va a conducir, especialmente en algunos casos, a interminables debates en los parlamentos nacionales, dilatando el proceso y haciéndolo aún más incierto. Para remate, aún tienen que aprobar los bancos privados una quita del 50% sobre la deuda privada de 260.000 millones de euros

Todos estos arreglos financieros tienen como objetivo rebajar y estabilizar la deuda al 120% del PIB en el año 2020. Pero es que este arreglo, aún difícil, no va ser ni de lejos suficiente, porque se han realizado previsiones muy optimistas, tanto para el crecimiento del PIB como para el recorte de gastos.

Con relación al primero, Grecia tiene una economía poco competitiva, con muy escasa capacidad de crecimiento. Y respecto del segundo asunto, lo demostrado hasta ahora por el Gobierno es que no tiene un control efectivo sobre el gasto público y, por tanto, le está resultando extraordinariamente difícil reducirlo. También por el lado de los ingresos está encontrando grandes dificultades para reducir el masivo fraude fiscal que asuela al país.

Las reiteradas promesas de los dirigentes griegos, ya no son creídas en Bruselas. Ni siquiera a un documento firmado o a un acuerdo del Parlamento se le otorga credibilidad, por la incapacidad del Gobierno para ejecutar las medidas.

Hay que tener en cuenta, adicionalmente, que este año se celebrarán elecciones para sustituir al actual Gobierno tecnócrata y que los acuerdos financieros tendrán que ser respetados. Estos dos hechos, no son de fácil encaje.

Y en el orden de cosas que hablamos, la historia nos ofrece dos lecciones. Que los acuerdos tomados desde arriba tienen muchas posibilidades de fracaso si no son aceptados por abajo. Y que unos acuerdos impuestos desde fuera, suelen desatar terribles y violentas reacciones nacionalistas de parte de quien los soporta.

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