Manuel Hernández / Director De Formación E Iniciativa Social De Dolmen Consulting Inmobiliario

Responsabilidad compartida

Para que las políticas de RSE y sostenibilidad que hoy están en auge prosperen es imprescindible partir del análisis adecuado y de un esfuerzo compartido entre gobiernos, empresas y ciudadanos

ÉRASE una vez es el comienzo más habitual de los cuentos que siempre nos han leído y el que solemos utilizar aquéllos a los que nos gusta contar historias. Sin embargo, en las siguientes líneas no vamos a relatar un cuento, sino, más bien, una premonición, una predicción fundamentada en el sentido común de la dirección hacia la que nos encaminamos si no empezamos ya a hacer cambios urgentes.

Aprendí de un gran libro, La tercera ola, que no tienes que ser un lumbreras para, en algunos casos muy evidentes, predecir el futuro. Sólo es una cuestión de observar lo que pasa a tu alrededor. No es ningún secreto que, conociendo ciertas condiciones y factores que se han producido o se están produciendo, podemos predecir sus consecuencias y, por ende, anticipar qué pasará en un futuro. Es como si en nuestra propia casa los desperdicios que producimos los fuéramos depositando en algún rincón y nadie los recogiera. En este caso, es fácil deducir que pronto la situación sería insostenible, aunque el salón lo tuviéramos impoluto y pudiéramos ver la tele tranquilamente. O, por ejemplo, si tratamos mal a la persona que cuida de nuestros hijos, es muy probable que no desarrolle su trabajo con la dedicación adecuada y que se nos marche a la primera de cambio.

A título individual, está claro que nadie en su sano juicio pondría en práctica alguno de estos ejemplos por las desastrosas consecuencias que ocasionan. Sin embargo, cuando pasamos a un plano más general, parece que nos olvidamos de las consecuencias, y el sentido común desaparece.

En esta coyuntura, la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) o Responsabilidad Social Corporativa (RSC) resulta una herramienta muy útil, una oportunidad para cambiar los modelos obsoletos y abrir nuevos horizontes para que podamos vivir mejor y no necesariamente a costa de otros. La actual moda de la RSE, el nombre con el que hemos bautizado unas prácticas empresariales que algunas firmas como Dolmen ya aplicaban desde hacía años, constituye hoy no sólo una obligación, sino también una fantástica ocasión para alcanzar un crecimiento sólido y perdurar en el tiempo.

Las empresas tienen una gran responsabilidad, como actores productivos de la sociedad, y la deben ejercer. Atrás quedaron las compañías que basaban su existencia en una única cuenta de resultados, la económica, y en la relación con sus accionistas, trabajadores y clientes. Algunas empresas están dando hoy pasos muy importantes para cambiar su filosofía, pasando a una triple cuenta de resultados, que, a la económica, sume la social y la medioambiental, y multiplicando sus relaciones al entrar en el juego otros grupos de interés.

La RSE es una forma de ser proactivos, de dar soluciones a situaciones negativas que nos afectan a todos. Algo que no se refiere exclusivamente a las condiciones laborales, sino también, especialmente en este momento histórico, a la situación medioambiental. Es cierto que los gobiernos no han estado a la altura de las circunstancias. Pero no sólo son los gobiernos los responsables de impulsar medidas para revertir el círculo vicioso al que se ha visto abocado nuestro planeta. También lo son las empresas y, en última instancia, lo somos nosotros mismos a título individual.

Así, la sostenibilidad y la RSE deben ir de la mano, deben ser inseparables, deben constituir una sólida alianza edificada sobre unos criterios básicos.

El primero a tener en cuenta es el análisis de la realidad, permanecer informados, conocer el mundo que nos rodea a todos los niveles. No en vano, se nos dice que vivimos en una aldea global y lo que pasa en el otro extremo del mundo nos afecta. El segundo criterio para desarrollar una buena política de RSE es juzgar desde un prisma humano eso que anteriormente hemos analizado. Si lo hacemos bien, basando nuestro análisis en una información real, nos sorprenderá el resultado de esta reflexión. Después del análisis y el ejercicio de reflexionar aún nos queda lo más importante: articular medidas para cambiar la situación, que se tienen que aplicar en el plano institucional, empresarial, personal y político. La sostenibilidad y la RSE, en definitiva, pasan por hacer las cosas de otra forma, por impulsar nuevos hábitos, educar en otros valores y reconocer al ser humano.

Está claro que gobiernos y empresas deben impulsar un nuevo modelo de desarrollo, más justo socialmente y más sostenible medioambientalmente, pero si nosotros no ponemos también nuestro granito de arena, sus esfuerzos serán estériles. La responsabilidad individual y la articulación de la sociedad civil son fundamentales. Hoy todo cambia muy rápido, pero la mayoría de los cambios en los que estamos inmersos nos conducen a un callejón sin salida. Lo que ayer servía hoy no vale, lo que hoy es una necesidad, mañana lo tiramos. Hay que despertar de esta fiebre consumista en la que estamos sumidos y reconducir nuestros modos de vida para que la historia que transmitan nuestros hijos y nietos no empiece con un "Érase un planeta destrozado e inhabitable...".

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