la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Revueltas populares y nueva cultura empresarial

SIGUE la incógnita sobre el desarrollo de los acontecimientos en los países del Norte de África y Este del Mediterráneo, pero sucede tan cerca y tiene tantas implicaciones para nosotros que no podemos ser espectadores pasivos. Planteamos que forzosamente ha de surgir en ellos una nueva clase de empresario, y que el empresariado andaluz, a través de sus asociaciones y, sobre todo, desde las cámaras de comercio, tiene que participar en el proceso.

La alternativa de un islamismo intransigente frente al anterior autoritarismo es inquietante, así como los conflictos entre grupos religiosos que buscan el poder. Los problemas que fueron precondiciones para las revueltas populares no desaparecen; los malos gobernantes tienen como alternativa una estructura débil de partidos políticos, hay una frustración económica general, tanto en las clases pobres como en las medias, y la presión demográfica genera desempleo entre una población joven. Sin embargo, estos países, con edades medias entre 23 y 28 años, se urbanizan y acceden rápidamente a las tecnologías de la información y comunicaciones. Más del 30% de la población en Marruecos usa internet, 20% en Egipto, algo menos en Argelia y no llega al 10% en Libia -aunque en este país casi el 100% tiene telefonía fija o móvil, cosa que no ocurre por ejemplo en Egipto, con sólo un 65%-. Estas tecnologías, que han resultado decisivas para tomar conciencia colectiva de los derechos democráticos individuales, serán también clave en el futuro.

Los regímenes autoritarios sofocan la iniciativa empresarial. Esto tuve ocasión de comprobarlo hace veinticinco años en Siria, donde empresarios del comercio y la hostelería, y otras industrias incipientes relacionadas con la pesca y los transportes, querían una economía y una sociedad más abiertas. En Libia se observaba también, ya desde los años setenta, que el bienestar derivado del petróleo llevaba a un conformismo sin iniciativa ninguna del sector privado. Una de las bases del progreso de un país de referencia como Turquía, que carece de recursos naturales, es precisamente una clase empresarial que dinamiza la sociedad.

El papel de Andalucía no debería verse a través de institutos, organismos, o intercambios culturales; por más que el apoyo público sea de utilidad, lo relevante va a ser la capacidad de nuestras asociaciones empresariales y cámaras de comercio para generar actividad productiva. Las cámaras andaluzas tienen experiencia de muchos años y una valiosa marca internacional, y éste puede ser un gran proyecto para ellas en su nueva etapa. Los empresarios de estos países tienen el reto de crear empleo y oportunidades; son economías que crecen a tasas superiores a la nuestra: Libia un 11%, Egipto un 5%, Marruecos, Argelia y Túnez un 4%, lo que lleva consigo una fuerte demanda de bienes y servicios públicos de sanidad, educación, vivienda e infraestructuras, junto con la de consumo privado.

Lo que está sucediendo enfrenta la incertidumbre de lo desconocido a la estabilidad relativa de los regímenes autoritarios, pero no tiene marcha atrás, ni en la política ni en la transformación de la sociedad y de la empresa.

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