la ciudad y los días

Carlos Colón

El Rey y Carrillo

NI aunque la hubiera escrito en una de aquellas cartas de la papelería de Pichardo adornadas con palmeras, cielos azules y estrellas de Oriente, en cuyo encabezamiento estaba impreso con caligrafía inglesa A SS. MM. Los Reyes Magos, serían atendidos los razonables, oportunos y necesarios deseos expresados por el Rey en la carta difundida a través de la web de su Casa. Negrísimo carbón nacionalista se encontrará en los zapatos. Y no del dulce que se ponía de broma para después descubrir los regalos. Porque su carta está llena de palabras e ideas que los nacionalistas desprecian: actuar unidos, caminar juntos, concordia, unión, generosidad, diálogo, imperativo ético, sacrificio de intereses particulares.

El mismo día en que se hacía pública esta carta moría Santiago Carrillo, que desde posiciones ideológicas no precisamente coincidentes con la institución monárquica representaba el espíritu invocado por el Rey. ¿Involucrado en los crímenes de guerra cometidos por los comunistas en Madrid durante la Guerra Civil? Casi seguro. ¿Estalinista? Seguro. ¿Amigo de dictadores como Ceaucescu? Cierto. Pero también responsable -junto a Marchais y Berlinguer- de la deriva eurocomunista que puso en hora democrática a los partidos comunistas occidentales y uno de los constructores de esa obra maestra de la Política -con mayúscula- que facilitó la pacífica transición de España a la democracia tras 40 años de dictadura. Junto a un Rey designado por Franco, al falangista Suárez, al franquista Fraga y al socialdemócrata González, el comunista Carrillo hizo entonces exactamente lo que ahora pide el Rey que, estoy seguro, ha sentido profundamente su muerte: "En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas".

La coincidencia entre la carta del Rey y la muerte de Carrillo debería hacernos reflexionar seriamente sobre la responsabilidad política en momentos de crisis. Casualmente, o no tan casualmente, en esta hora crítica el Rey, en su carta, apela a aquella ardua tarea de gran política en la que Santiago Carrillo tan decisivamente participó: "Desde la unión y la concordia, hemos de recuperar y reforzar los valores que han destacado en las mejores etapas de nuestra compleja historia y que brillaron en particular en nuestra Transición Democrática: el trabajo, el esfuerzo, el mérito, la generosidad, el diálogo, el imperativo ético, el sacrificio de los intereses particulares en aras del interés general, la renuncia a la verdad en exclusiva". Ni monárquico ni comunista soy. Pero viva el Rey y que en paz descanse Santiago Carrillo.

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