desde mi córner

Luis Carlos Peris

Reyes necesita de domésticos

El desbordador de antaño ha roto en manijero, pero para ello ha de contar con una tropa para el trabajo sucio

INDUDABLEMENTE, el mayor talento surgido de la ciudad deportiva sevillista, con permiso de Francisco, es José Antonio Reyes. Tras un debut meramente testimonial en La Romareda y que Marcos Alonso provocó para pasar a la posteridad como su descubridor, el utrerano irrumpió con una fuerza inconmensurable de la mano de Joaquín Caparrós. Como tantos logros sevillistas desde el verano del año 2000 hasta la fecha, muchísimos llevaron la firma de este otro utrerano que, sin duda, volverá más pronto que tarde al banquillo local del coliseo de Dato. Y el más brillante fue el de poner a su paisano en el gran escaparate.

Una zurda de oro y una capacidad para dejar gente atrás digna del que mejor haya desbordado en cualquier tiempo, Reyes se subió muy joven al Olimpo de los mejores y con esa vitola enamoró a Arsène Wenger y a todos los que se apiñaban en el Emirates, antes Highbury, para comprobar cómo un sábado sí y otro también desafiaba algunas leyes físicas ciertamente complicadas. Pero Londres no estaba para él y a través de un largo peregrinaje por auténticos grandes del fútbol continental fue mutándose su figura para ir perdiendo metros en la pizarra y en el campo a fin de derivar a asistente cuando estaba creado para más, para muchísimo más.

Volvía un servidor a pensar en todo esto viéndolo antier noche en Anoeta siempre por detrás del balón para intentar un fútbol que sus compañeros no comprenden. Parece que Míchel quiere que el equipo se mueva en su derredor, que sea él quien conduzca al Sevilla. Sí puede llevar razón el madrileño, pero para que el equipo sea manejado por Reyes ha de contar éste con la colaboración de varios domésticos que le eximan del prosaico rol de hacerse con el balón. Y en el equipo que salió a la fría noche de Donostia no se daban esas circunstancias, pues en él figuraba una sobredosis de cerebros en apariencia que no podían colaborar al lucimiento de la gran estrella.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios