Análisis

Rígido, ineficiente, injusto e indecente

El BCE vuelve a pedir la reforma del mercado laboral y achaca el paro a la subida de salarios en el pasado · Pero que el 63% de los trabajadores sean 'mileuristas' demuestra que existe una brecha entre las rentas altas y bajas

LOS mayores pepitogrillos de nuestra economía no viven en España, sino que los tenemos destinados en Bruselas, Fráncfort o Luxemburgo, ejerciendo de representantes nuestros en alguna institución de la Unión Europea. Desde allí, sus advertencias, recomendaciones y vaticinios suelen ser mucho más duros y tajantes que los que periódicamente hace el propio director del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, azote del Gobierno que lo nombró. Almunia, desde la Comisión, es un claro ejemplo de eurócrata versión martillo pilón: varias veces al año nos recuerda que sin reforma laboral, sin flexibilización y sin contención salarial no tenemos futuro ninguno. La última entrega de su "os lo tengo dicho" tuvo lugar en junio. Esta semana ha sido José Antonio González-Páramo, reputado economista y profesor, quien nos ha recordado el breviario para (poder intentar empezar a) salir de la crisis. González-Páramo ejerce actualmente de miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. Él lo tiene claro: nuestro sistema laboral es "rígido, ineficiente y socialmente injusto". Rígido: o sea, que cuesta una barbaridad contratar, cambiar de destino y funciones y, sobre todo, despedir al personal (al fijo, claro, a la creciente legión precaria, no). Ineficiente: debemos suponer que se refiere a la productividad, causa y remedio de todos los males; la "unidad de trabajo", la hora trabajada, sale cara en España. E injusto: sobre este adjetivo debemos interpretar que -no sólo según Páramo- en España se da una especie de trastorno bipolar laboral: unos muy seguros, y otros totalmente inseguros. Cabe ir más allá y afirmar que la causa de la precariedad de éstos es precisamente la excesiva seguridad de aquéllos: el argumento estrella de los flexibilizadores.

El experto del BCE se despacha con una relación causa-efecto de tipo ¡alehop!, que no explica. Tratemos de descifrarla a partir de su frase textual: "Quiero recordar que desde hace mucho tiempo el BCE ha estado advirtiendo a los gobiernos de la Eurozona que es particularmente importante evitar las cláusulas de indiciación de los salarios, porque llevan asociado el riesgo de desatar y acelerar espirales de salarios y precios, que en el pasado han estado en la raíz de prolongados episodios de desempleo masivo". Obviemos que Páramo considera que la subida de los salarios no debe asociarse a la inflación, algo que nos parecía una aspiración de lo más normal (no sabemos si la bajada de salarios sí es para él recomendable en caso de deflación). La miga de la frase está en que detrás de la crisis, y de su hijo el desempleo, lo que estaba no era la avaricia bancaria que señala el ministro Corbacho esta semana, ni tampoco las subprime y los intermediarios que venden préstamos a quien nunca ha devuelto ni devolverá un pavo. Ni siquiera unos tipos de interés bajísimos. La causa de este "episodio de desempleo masivo" es la "espiral de los salarios y los precios". Sin ánimo de negar la mayor a un peso pesado, creo que es claro que entre esa causa y ese efecto hay varios eslabones y factores distintos del hecho que la gente cobre más si los precios generales suben. En cualquier caso, el diagnóstico del prestigioso profesor ha coincidido en el tiempo con un estudio que hace que sus declaraciones resulten algo dolorosas. Aunque, la verdad, nada comparable a las declaraciones de Esperanza Aguirre al saber que los funcionarios quieren mantener lo pactado en cuanto a la revisión de sus salarios. Obviando que muchísimos funcionarios estarían dispuestos a contener la actualización de sus sueldos, la presidenta madrileña protagoniza una nueva pasada de frenada dialéctica y dice que la postura de los representantes de los trabajadores públicos es "indecente". Moderación ante todo. En fin, según un estudio digno de crédito y que ha sido citado en todas las portadas de periódico esta semana, en España no hay inflación salarial. Lo que realmente hay es un auténtico ejército imperial de mileuristas.

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