El balcón

Ignacio / Martínez

Risas y espinas

RESULTA estimulante ver a los cinco presidentes vivos de Estados Unidos, reunidos y sonrientes, en la inauguración de la Biblioteca George W. Bush en Dallas. Los tres últimos mandatarios demócratas, Carter, Clinton y Obama, con los Bush, padre e hijo, aparecen relajados y en buena armonía. Una imagen muy distinta de la que puede conseguirse en España, en donde las escasas ocasiones en las que se reúnen los ex presidentes su incomodidad manifiesta delata que se detestan; muy en particular Aznar y González.

En España la deslealtad institucional es una de las tradiciones más arraigadas de nuestra joven democracia y uno de los lastres más pesados a la hora de planear reformas duraderas. Nuestros dos grandes partidos practican un cainismo insensato, dispuestos a cambiar en solitario leyes del aborto, de educación, sistema sanitario o lo que se encarte, iluminado por sus principios ideológicos sacrosantos.

Hay risas, sin embargo, con mala leche. Por ejemplo, las de Silvio Berlusconi fuera de sí de gozo ante la caída de Bersani y la entrada de su partido en una coalición gubernamental que pueda blindarle ante alguno de sus pleitos pendientes por delitos contra la hacienda o la moral públicas.

También transmitía malos sentimientos la risita nerviosa de una tal Carmen Chacón que hace un año optó a la Secretaría General del PSOE, y que ahora se hace llamar Carme Chacón. La buena mujer estaba el otro día feliz porque uno de los retoños de la ejecutiva de Rubalcaba sea candidato in pectore para desafiar al líder. Su desmedida satisfacción por el desafío de Madina llevaba una carga de resentimiento y despecho marca de la casa: espinas de la rosa socialista. Y aunque está ante un competidor de peso, quizá mucho mejor que ella misma, aplica en su fuero interno que el enemigo de su enemigo es su amigo.

La deslealtad también se practica en cantidades industriales dentro de la misma formación política. De eso sabe mucho el presidente Rajoy, a quien han querido apiolar sus compañeros de partido en alguna ocasión. No es el caso de Javier Arenas, sumo sacerdote intocable del PP andaluz, hasta ahora. El hombre que fue la sonrisa del régimen durante el reinado de Aznar, anda taciturno y poco fino de tacto. Tocado por los sobresueldos recibidos de Bárcenas. Esta semana ha dicho que el Gobierno trabaja para subir las pensiones más todavía. ¿Todavía? Todas las reformas hasta ahora han rebajado el nivel adquisitivo de los jubilados. Y los próximos cambios serán para lo mismo. Estas ocurrencias tienen mucho malaje.

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