Visto y oído

Antonio / Sempere

Rodrigo

RODRIGO Cortés es un crack. Al autor de Enterrado le ha llegado su momento. El punto de inflexión vital. El estreno simultáneo en cuatro mil pantallas de esta película va a marcar el antes y el después de una carrera brillante. Quien como él tiene la narrativa audiovisual en las venas, en el código genético, no puede hacer otra cosa que sacarlo afuera, que contar historias. Sus historias. Porque en alguien queda justificada la doble nacionalidad de la autoría y la dirección es en este tipo de seres, nacidos para volcar, a su manera, aquello que a su manera brota, y que nadie puede contar por ellos, puesto que como bien decía MacLuhan, el medio es el mensaje.

Conocí a Rodrigo Cortés en los tiempos heroicos en los que recorría (recorríamos) la península de festival en festival, en la liga de los cortometrajes. Primero hizo una gira triunfal con Yul. Después con 15 días. En una ocasión, en Almería, coincidimos con Mateo Gil, que en aquel diciembre también estaba de gira con 'Allanamiento de morada'. Al finalizar la comida, en un aparte en el Paseo, Mateo Gil y Rodrigo Cortés tomaron café. Un café que se prolongó por espacio de un par de horas de conversación inteligente y aguda. Asistí a la charla con los ojos y los oídos bien abiertos. Sin perder un gesto. Convencido de que aquello, para mí, era el programa de televisión ideal.

Ahora que Rodrigo Cortés ha llegado al cénit, ha logrado el objetivo que perseguía, encontrar un éxito que le permita seguir contando todo aquello que le apetece, me consuela saber que, al menos, él sí lo ha conseguido. Que yo no alcancé el sueño de presentar mi programa soñado. Pero que nadie me quita la satisfacción de ser testigo de los triunfos de aquellos a quienes admiro.

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