la ciudad y los días

Carlos Colón

Rosa María Belda

ME fascinan los actores radiofónicos tanto como me fascinaba el teatro radiado o los seriales: voces que creaban mundos con el escueto apoyo de la música y de unos pocos efectos artesanales. Me fascina la radio, discretísima compañera a la que la televisión, lejos de liquidarla como al principio se temió, ha ennoblecido: voces -porque me gusta la radio hablada, no la musical- que nos dejan trabajar y vivir, acompañando sin imponerse, distrayendo e informando sin acaparar del todo nuestra atención, dejando espacio para el trabajo, la lectura o hasta para el sueño que la radio acuna con un runrún cuyo sentido se va perdiendo suavemente, como cuando éramos niños y nuestras madres nos leían.

Siento un enorme respeto y admiración por los actores de doblaje, grandísimos intérpretes cuyos nombres deberían figurar -como se hace en otros países- en los títulos de crédito de las películas, forjadores de personalidades artificiales tan magistralmente construidas que ya no podemos disociarlas. Para mí José María Angelat es la voz de Alec Guiness, Víctor Orallo y Jesús Puente la de James Stewart, Elsa Fábregas la de Julie Christie, José María Ovies la de Gary Cooper o Rosa Guión la de Audrey Hepburn.

Por eso, por amor a los actores radiofónicos y de doblaje, he sentido la muerte de la gran Rosa María Belda. Ustedes ni tan siquiera se imaginan cuántas veces la han oído. No sólo interpretando papeles de mala en las radionovelas Lucecita o Simplemente María, porque Rosa era una de las grandísimas actrices del desaparecido cuadro de actores de Radio Madrid. No sólo interpretando a Dickens, los Quintero, Calderón o Galdós en los dramáticos de la Ser. No sólo dando voz y vida a la Pepita de La saga de los Porreta. No sólo doblando teleseries como Colombo -cuyo intérprete también acaba de dejarnos-, Lou Grant, Falcon Crest o Los ángeles de Charlie. Y ni tan siquiera por haber sido en las pantallas la voz de Anne Baxter, Joan Crawford, Judy Garland, Deborah Kerr o Kathleen Turner (porque suya era la voz que decía aquello de "Yo no soy mala... Es que me han dibujado así").

Además de por todo esto, que ya es bastante, ustedes conocen su voz como a una amiga de siempre porque Rosa María Belda era la voz de la Ser. Ella fue desde 1972 la voz de las cuñas del Hora 25 de Manuel Martín Ferrand que cada noche traía la democracia un poquito más cerca. Y ella era la que cada día decía "Cadena Ser, Servicios Informativos" dando paso a las noticias. Toda una vida juntos; porque Rosa María Belda era de mi generación, la de Un americano en París y Cantando bajo la lluvia.

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