crónica personal

Pilar Cernuda

Rubalcaba no dimite

RUBALCABA no dimite y está en su derecho, pero a lo que no hay derecho es a que venga con milongas: dijo en su rueda de prensa que no había comparecido antes porque estaba preparando su intervención en el debate de los Presupuestos Generales del Estado. No hay quien le crea. Rubalcaba es uno de los políticos con mayor capacidad para expresarse, responde con ingenio a la pregunta más inesperada, no duda, y está perfectamente capacitado para andar y mascar chicle al mismo tiempo, para dar la cara y preparar un debate.

Su silencio de tres días es inconcebible, y él lo sabe. Como sabe que la misma noche electoral varios de sus colaboradores le aconsejaban que compareciera públicamente para hacer un análisis de los datos y que pronunciara unas palabras de ánimo a una militancia literalmente destrozada por los resultados y que necesitaba algún tipo de apoyo moral por parte de su secretario general.

Hace tiempo que en el PSOE se escucha decir que este Rubalcaba no tiene nada que ver con el Rubalcaba del pasado. Le falta pegada política, estrategia, cercanía con sus seguidores y, sobre todo, y es lo más grave, le falta equipo. Felipe González tenía a Guerra, Zapatero a Blanco, y Rubalcaba a Valenciano. No hay más que comentar.

No ha hecho autocrítica el secretario general del PSOE, como si la situación del partido que dirige no tuviera nada que ver con lo sucedido en el País Vasco y Galicia, y se ha limitado a insistir, ante la insistencia de los periodistas, que no se le había pasado por la cabeza dimitir, que lleva sólo ocho meses en el cargo y que piensa completar su mandato. Puede hacerlo, por supuesto, pero que mencionara los resultados del pasado domingo como si fueran algo ajeno a su persona, es incomprensible en un secretario general que debe autorresponsabilizarse de todo lo que ocurre en su partido y que además participó de forma activa en la campaña, como era su obligación. Y era también su obligación, por tanto, analizar los resultados y, evidentemente, empezar a pensar en qué puede hacer para que los socialistas recuperen su camino. Era mucho más importante aparecer en público que preparar el debate presupuestario, independientemente de que cualquier político con un mínimo de entidad debe estar capacitado para hacer dos y hasta media docena de cosas al mismo tiempo. Y no digamos Rubalcaba, que ha demostrado sobradamente en sus muchos años en el Gobierno y en la oposición que está a todo, no deja fleco pendiente y tiene en la cabeza mil asuntos que despacha con facilidad asombrosa por difícil que parezca.

Ha dicho que "no toca" hablar sobre quién será el candidato del PSOE a las generales. Se apunta a la terminología que puso de moda Jordi Pujol cuando era presidente de la Generalitat y respondía sólo a las preguntas que consideraba oportunas. Hasta en eso ha cambiado.

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