RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez-Azaústre

Saber ganar

Tiene una lectura medular que puede comprender el fútbol en su esencia más vivaz. Siempre ha tenido estilo, es un estilo, aunque últimamente ha ido adelgazando hasta el espíritu de un chaleco siempre abotonado con la justeza estética y visual de un descapotable en la casa de Gatsby. Pep Guardiola es más que un entrenador en un club que es más que un club, pero también ha sido la lectura invisible de los poemas de Jaime Gil de Biedma y de Miguel Martí y Pol antes de marcarle seis al Real Madrid. Lo más impresionante de este título, que ya se posiciona en las vitrinas del Camp Nou, no es sólo su manera de llegar, a partir de este hombre que antes fue el cerebro del único Barcelona comparable a éste de ahora mismo que él dirige, sino la ética deportiva que desprende: así, nada más ganar en el Santiago Bernabéu de la forma más sólida y sonora que puede imaginarse, ha dicho Pep Guardiola, con ese perfil dandy mesurado al que a veces le estalla la pasión, que hacerlo ante un equipo como este Real Madrid es algo maravilloso, con estos jugadores que persisten, y persisten: es, en realidad, saber ganar, título contrario al de la novela de su amigo David Trueba, reciente Premio de la Crítica.

La forma de ganar de este Barcelona de Guardiola es una plenitud, y también un valor ético: ellos salen al campo a hacer su mejor partido, a no especular el pase, el regateo, la vistosidad de un fútbol de ataque que va a por el ataque y es ataque. Es maravilloso, parafraseando a Guardiola, ver que las propuestas valientes pueden prosperar, que esa brillantez que ha destilado en sus comparecencias con la prensa y en sus declaraciones, en su fútbol consciente de la plasticidad de acción dinámica, termina por ganar en cualquier campo. Es la diferencia con el fútbol más regulador, más defensivo, que a veces soluciona hasta mundiales, como se vio con aquella Italia triste y cicatera que sacó de los nervios a Zidane. Después de este paseo triunfal del Barcelona, si me fijo en el rostro serio y taciturno de Fabio Cannavaro pienso que hay algo de justicia poética en el mundo, porque la concepción del fútbol de aquella Italia campeona del mundo injustamente era la contraria de este Barcelona de ahora mismo, que tiene una honradez del planteamiento muy parecida al fútbol de Zidane, que tejió un mundial crepuscular.

Ahora, la épica la escribe con talento de novelista norteamericano de la generación perdida este hombre elegante de traje y corbatín con esos cuellos blancos impolutos y puños de camisas impecables como los de un Errol Flynn más tímido. La estrella es Pep Guardiola. ¿Conseguirá el triplete? Si la prosa es tan buena, qué importa el final de la novela.

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