Visto y Oído

Antonio / Sempere

Saber leer

LA rueda de prensa más mediática del verano, la del guardamete Íker Casillas despidiéndose, corroboró por enésima vez lo que es una evidencia desoladora. Los españoles, incluidos los cuentan con estudios superiores, son incapaces de leer un texto de un folio en voz alta sin equivocaciones, sin que se les trabe la lengua, se les encasquille una palabra, o sin perder la entonación en un momento del discurso. No es tan difícil, pero en este país lo parece.

Y no me refiero a los factores emocionales que en un momento dado pueden hacer quebrar la voz al comunicante. Eso es otra cosa. Casillas tuvo que interrumpir su discurso en varias ocasiones para liberar el lacrimal. Pero eso no cuenta. Fue en el discurso que aparentemente afrontó sereno, en aquellas líneas que logró acometer con limpieza, donde, como a cualquier hijo de vecino cuando le toca pronunciar en voz alta, ciertas palabras se le resistieron. Repasen los siete minutos y verán lo que les digo.

Y es que no nos han enseñado a leer en voz alta. A modular. A respirar. Y nosotros no hemos sabido paliar esta carencia aprendiendo por libre, cuando nadie nos ve ni nos oye. Viendo y escuchando a Íker Casillas recordé lo vivido tantísimas veces en las aulas universitarias cuando he invitado a alumnos de cualquier edad a que lean una columna a primera vista. Sé que no es fácil, pero me llama la atención que una mayoría no dé pie con bola en la lectura. Con lo importante que debiera ser la habilidad de ser capaz de leer correctamente un texto a la primera, sin ensayar. Visto lo visto, los planes de estudio no son en absoluto eficaces ni en cosas tan básicas. Todo esto por no hablar de la comprensión lectora, de la capacidad para asimilar al 100% el contenido y el fondo de aquello que se lee. Pero ahí nos meteríamos en un enorme jardín, y no quiero salirme, precisamente hoy, de mis casillas.

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