Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Saberes

CARLOS Sobera hablaba en sus desangelados monólogos de la gala de la Academia que la televisión ha dejado de ser la "caja tonta" porque ahora los televisores son planos. Personalmente nunca me gustó el abusado término de "caja tonta". Las 625 rayas siempre tuvieron sustancia y el plasma actual, entre tantas opciones, aún más: sólo es cuestión de saber elegir. Y saber donde está el botón "off", o la llave de "cerrar sesión". Pero es cierto que a medida que adelgazaron los aparatos más se desvanecían los contenidos generalistas en los platós. Cuanto más delgado se ha convertido el monitor, más frágil es su mensajes. La tele es puro negocio, pero quedan oasis.

La gala de la Academia quiso ser entretenida, intercalando parodias y números humorísticos, pero es difícil animar una entrega de premios. La fiesta anual de los que arman la tele diaria fue más bien sosa y cayó en la indiferencia del espectador. Pero si los académicos no saben hacer una gala atractiva... TVE por lo menos quiso con la recuperada gala compensar a la Academia por los servicios prestados en los debates electorales que tan buenos réditos dieron a la pública.

Enfrente Antena 3 emitía la primera entrega de 48 horas, la miniserie dedicada a la cuenta atrás del asesinato de Miguel Ángel Blanco. La productora de El Mundo se mete en los sentimientos del infortunado concejal y crea un mosaico a su alrededor un tanto presuntuoso. En el debate posterior de 360 grados, centrado en lo sucedido hace once años, el actor que encarna a Miguel Ángel, Andoni García, insistía en que la tv movie quería evocarnos el símbolo, la reacción del país a la barbarie etarra. Pero también en el debate se recordó que el PNV entró por el aro a regañadientes. En cuanto el camino giró hacia Estella el nacionalismo vasco mostró su verdadera cara: la actual, la del cinismo de Ibarretxe.

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