La crónica económica

Manuel Hidalgo

Salarios

EN estos días que poco a poco nos llevan a la calma estival, y que algunos elegidos ya disfrutan, ante todo se habla de crisis. Según la información avanzada por el indicador de actividad del BBVA y por el Banco de España, hagamos los ejercicios semánticos que hagamos, estamos en crisis. Es más, al borde de la recesión. Las cifras de desempleo, la caída de la producción industrial, la inflación y la contracción que padece el sector de la construcción llenan titulares, centran charlas de café y rompen el silencio de muchas escaleras de vecinos. Se ha instalado, por lo tanto, en nuestras vidas la preocupación por la situación de una economía gravemente herida, muy tocada.

Pero, a medio plazo, se derivará otra consecuencia de esta crisis, de la cual no se habla, pese a que es muy probable que ocurra. Me refiero al incremento de la desigualdad salarial existente entre los trabajadores españoles.

El desempleo, aunque tocará todos los palos, todos los sectores económicos, todas las edades, condiciones del trabajador, etcétera, afectará de forma más sensible a aquellos trabajadores que han vivido al amparo de un sector de la construcción hiperdimensionado, y también a aquéllos cuya cualificación esté muy por debajo de los estándares necesarios para competir en una economía globalizada.

Estos grupos, acostumbrados en los últimos lustros a elevados salarios, en un futuro cercano, por no decir ya, van a tener que competir ahora incluso por un puesto de trabajo. Esta competencia presionará de manera directa e indirecta a los salarios. Es decir, en aquellos grupos más sensibles, el salario medio tenderá a caer. Por lo tanto, es bastante probable que en los próximos años veamos una tendencia contraria a la ocurrida en los últimos quince. Es decir, un aumento del salario relativo para los trabajadores alejados de sectores como la construcción, algunos servicios y en general de los más cualificados.

Esta dinámica no es nueva y es bien conocida ya en muchos países. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los salarios de los trabajadores menos cualificados han crecido mucho menos que el de aquéllos con mayor cualificación. Incluso en términos reales no han crecido en los últimos veinte años. Igualmente ha ocurrido en Gran Bretaña y en otros países europeos. Más aún, los salarios relativos de los trabajadores con escasa cualificación cayeron durante los primeros años de la década de los noventa en España, coincidiendo con la anterior crisis económica.

Al igual que ocurrió con el precio de la vivienda, el factor productivo más intensivo en esta producción, la mano de obra asociada a esta actividad, disfrutó de enormes subidas en sus remuneraciones. En los próximos ejercicios, la devaluación del precio del producto devaluará, a su vez, el precio de los factores usados en este sector, es decir, el salario. El que no vaya al desempleo, o ganará menos o deberá buscar en otros sectores retribuciones más elevadas. Simplemente lo que se prevé es un ajuste hacia el equilibrio.

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