Sánchez y el peligro de vetar a otros partidos

PESE al sobresalto final de la extraña y fallida negociación exprés entre Compromís y el PSOE, finalmente la tercera ronda de consultas del Rey no arrojó ninguna novedad y España se ve abocada a celebrar unas nuevas elecciones generales. Como ya apuntamos en su día, no hay que dramatizar la situación. En democracia, las urnas nunca pueden verse como el problema, sino como la solución. Ahora bien, estamos claramente ante un fracaso producido por la incapacidad de la clase política de llegar a un acuerdo, por lo que hay que sacar conclusiones que nos ayuden a no repetir los errores en un futuro. La principal enseñanza de la malograda undécima legislatura es muy clara: no se puede vetar a priori a ningún partido en un proceso negociador, más cuando éste es el más votado por los españoles. Sin embargo, a tenor de su intervención de ayer, parece que el candidato y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no ha entendido la lección y volvió a reiterar su negativa a cualquier conversación después del 26-J con "los independentistas y el PP". Que uno de los llamados partidos sistémicos no espere siquiera a escuchar el dictamen de las urnas para vetar a una formación que, según todas las encuestas, volverá a ser la más votada en las próximas elecciones es muy grave. Con su veto al PP, Pedro Sánchez ya está bloqueando una de las principales vías de solución antes de que se celebren las nuevas elecciones el 26-J. El líder socialista debería rectificar lo antes posible e, independientemente de cuál sea su estrategia electoral, dejar abierta una puerta para futuros acuerdos que pueden ser más que necesarios el próximo verano.

Ya hemos expresado la necesidad de que la próxima campaña electoral sea barata y lo más corta posible. Además, los partidos comparecientes tendrán que demostrar otras dos virtudes aún mucho más difíciles: la claridad y la sinceridad. Con el problema político que hay planteado en España, no podemos asistir a un nuevo espectáculo de hipocresía política donde los principales actores escondan sus cartas. Todas las formaciones deben dejar clara cuál será su actitud una vez que se sepan los resultados electorales. Los ciudadanos, por su parte, deben pensar en lo ocurrido durante los últimos cuatro meses y votar en consecuencia. El 26-J será una nueva oportunidad para enderezar el rumbo político, económico e institucional de España. Esta vez, todos, partidos políticos y ciudadanos, deberíamos estar a la altura.

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