La tribuna

Lourdes Alcañiz

Sarah Palin: ha nacido una estrella

SARAH Palin no va a tener ni que moverse de su casa para estar presente en el potente panorama mediático estadounidense. No consiguió la Vicepresidencia estadounidense y renunció a su cargo como gobernadora de Alaska, pero no se ha ido con las manos vacías. La ex candidata a vicepresidenta y ex gobernadora del Estado de Alaska ejerce una poderosa atracción entre el público. Por eso, la ultraconservadora cadena de televisión Fox le está montando un estudio en el salón de su casa para que pueda estar en directo sin tener que moverse de Wasilla, su querido pueblecito alasqueño. Y para los que no puedan verla en televisión, Sarah tiene una página en Facebook con cerca de un millón y medio de seguidores y otra en Twitter. Eso además de colaborar con periódicos y promocionar a bombo y platillo sus recién publicadas memorias. Vamos, una estrella mediática en toda regla.

La vida es que da muchas vueltas. Quién le iba a decir a doña Sarah que se iba a embolsar cientos de miles de dólares por abrir la boca en medios televisivos cuando fueron precisamente un par de entrevistas de televisión las que casi acaban con su candidatura a la Vicepresidencia. La candidata que McCain se sacó de la manga en un fin de semana no duró ni medio asalto con dos pesos pesados del periodismo televisivo americano. Las risas que sus respuestas provocaron fueron de tal magnitud que hasta desde las filas conservadoras pidieron a gritos que la quitaran de en medio. La guinda del pastel fueron todos los roces con los organizadores de la campaña electoral republicana y la puntilla, claro, la estrepitosa derrota republicana en las urnas.

La verdad es que las respuestas de Sarah no suelen tener desperdicio, tanto es así que cuando la imitan los humoristas no tienen ni que cambiar lo que ha dicho para que haga más gracia. Pero todo esto poco importa porque Palin es la última representante de una nueva figura: algo así como un híbrido entre político, famoso y comentarista televisivo que no se sabe muy bien dónde opera, pero que está en todas partes. Y por si este entramado mediático fuera poco, Palin está reuniendo una infraestructura política.

Parece evidente que está posicionándose, pero, ¿para qué? Sus enfervorecidos seguidores cada vez que aparece gritan hasta quedarse roncos "¡Run, Sarah, Run!". Traducido: ¡Preséntate, Sarah, preséntate! (a las elecciones presidenciales del 2012 se entiende). Luego tenemos todo el movimiento del Tea Party (protestas contra el Gobierno inspiradas en los enfrentamientos coloniales con Gran Bretaña) del que se ha coronado reina, sin olvidar las numerosas apariciones para apoyar candidaturas republicanas (aunque los republicanos la quieren o la odian alternativamente).

Palin, que no tenía un pasaporte hasta antes de ayer, que no pudo responder en una entrevista qué periódicos lee, que desconoce el papel constitucional de un vicepresidente, que se inventa departamentos inexistentes en la Casa Blanca o que ataca a Obama por medidas que puso Bush en vigor, es sin embargo un enemigo a tener en cuenta. En medio de toda esta ensalada de meteduras de pata, Palin tiene una cualidad peligrosa: es capaz de capturar en frases simples y fáciles los miedos de las clases populares y convertirlos en armas arrojadizas contra los liberales, sin importar si son verdad o mentira, hay que añadir. Uno de sus éxitos de audiencia lo marcó cuando la Administración Obama presentó su plan para la reforma sanitaria. Palin afirmó entonces que los demócratas querían crear "juntas de la muerte" para decidir quién recibía tratamiento médico y quién no. Y aunque finalmente quedó demostrado que esto era totalmente infundado, el término creo suficiente ruido como para que la Casa Blanca tuviera que detenerse a explicar y volver a explicar la realidad de su plan.

Esta habilidad, por supuesto, no compensa las grandes lagunas que tiene en política internacional, su desconocimiento del funcionamiento del Gobierno y muchos otros serios problemas de fondo que probablemente en algún punto acabarán con su carrera política. Por todo ello, Palin no ha sido considerada por la Casa Blanca como algo más allá de un bufón, una anécdota de los neoconservadores.

Sin embargo, con las elecciones para el Senado de noviembre a la vuelta de la esquina, no estaría de más estudiar un poco más a fondo el fenómeno Palin. Especialmente porque los republicanos quieren catalizar la ansiedad y la rabia por la situación económica y convertir estos comicios en un referéndum sobre el presidente Obama y su partido. La Casa Blanca quiere vender las elecciones como una opción entre demócratas y republicanos, poniendo en este último saco a Bush y la desastrosa herencia que le ha dejado a Estados Unidos. Y que lo consiga, o no, puede acabar teniendo algo que ver con Sarah Palin.

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