hoja de ruta

Ignacio Martínez

Secretos de Polichinela

ANDAN enfrascados los dos candidatos principales a la Presidencia de la Junta en una pendencia de números. Los números de las cuentas públicas están en entredicho: unos reclaman urgentemente los Presupuestos Generales del Estado para tener tiempo de criticarlos a modo antes del 25 de marzo, y los de enfrente piden la cifra precisa de déficit regional del año pasado para hacer lo propio. Cada uno esconde lo que puede perjudicarle a él y exige lo que pueda beneficiarle. Un juego nada divertido para la plebe, pero que entretiene a nuestros modernos patricios. Son como niños.

El Gobierno y el PP deberían evitar lanzar sospechas de bancarrota sobre las finanzas autonómicas. Las andaluzas y todas las demás. Principalmente porque de denigrar la solvencia patria ya se ocupan muy bien, previo pago de su importe, los S&P, Fitch o Moody's. Lo que hacen el veterano Montoro y la neófita Báñez es competencia desleal e intrusismo profesional. Los socialistas, por su parte, nos deberían decir cuánto fue el déficit del año pasado, aunque es un secreto de Polichinela: más del 3% del PIB, cuando el objetivo marcado por el Gobierno era el 1,3%.

Cosa distinta son los Presupuestos del Estado. El Gobierno ha tenido una gran excusa para atrasarlos; esperar a que la Comisión Europea publicara sus previsiones de crecimiento para este año. El PIB español se reducirá un 1%, cifra más aliviadita que el -1,5% del Banco de España o el -1,7% del Fondo Monetario Internacional. No se pueden hacer unos buenos presupuestos sin saber la cifra del PIB. Sin ir más lejos, el Gobierno de Griñán ha previsto que la economía regional va a crecer este año el 1%. Y según esa variable ha redactado sus números para este año, que ya sabemos que no valen, porque la distancia entre esas cuentas del Gran Capitán y la realidad será de al menos dos puntos y medio.

Cabe un gran consuelo: en 2009 la desviación fue del doble. Griñán, siendo consejero, previó también un crecimiento del 1% y la economía nacional se desplomó un -3,7%. Pero aparte de juegos y consuelos, lo malo de esta pelea de números es que tiene un riesgo fatal, el de nuestra credibilidad colectiva.

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