La ciudad y los días

carlos / colón

Sectarismo sin enmienda

SE decía que la derecha se cura leyendo. Ingenioso, pero falso: ignoraba a D'Annunzio, Celine, Drieu de la Rochelle, Hamsun, Ridruejo o Pound. Y lo mismo sucede con la izquierda. Lo demuestra el canto a Rita Maestre de Manuel Vicent: "Tal vez en el futuro, cuando la cólera y los sueños del 15-M, disueltos en la historia, se conviertan en nostalgia de una generación, esa imagen provocativa [el asalto a la capilla de la Complutense] quedará como un icono de la lucha de unas feministas frente a la opresión religiosa. Para entonces habrá otro orden injusto y otros jóvenes que se rebelan contra el poder constituido".

Un acto violento, considerado delictivo por un juez, es un gesto contra la opresión y nuestra democracia, un orden injusto. Lógico en quien, unas líneas más adelante, evoca "aquellos estudiantes airados, ácratas, trotskistas, maoístas, banderas rojas, comunistas, que en el Madrid convulso del final de los años sesenta del siglo pasado arrojaban tazas de retrete contra los caballos de la policía desde las ventanas de la facultad de filosofía". Aquellas airadas criaturas se oponían, ciertamente, a la dictadura franquista; pero en nombre de otras peores por más letales. A finales de los 60 habían pasado 14 millones de personas por los gulags comunistas, de las que un millón murieron, y en China estaban funcionando los campos de reeducación maoístas en los que perecieron 25 millones de personas.

No, la izquierda totalitaria, al igual que la derecha, no se cura leyendo. En los años 30 del genocidio ucraniano del Holodomor y las grandes purgas alguien más inteligente que Vicent, Louis Aragon, celebraba las matanzas estalinistas -"el estruendo de los fusilamientos añade al paisaje una alegría hasta entonces desconocida"- y elogiaba los gulags como "la ciencia prodigiosa de la reeducación del hombre, que hace del individuo deformado por la sociedad de ayer, por las fuerzas de las tinieblas, un hombre del mundo de mañana", felicitándose por vivir "un momento de la historia de la humanidad que guarda un cierto parecido con el paso del simio al hombre". Es el oscuro misterio que Dahrendorf exploró en su recomendable La libertad a prueba: los intelectuales frente a la tentación totalitaria (Trotta). Y que Jean-François Revel sintetizó así: "Si el fascismo y el comunismo sólo hubiesen seducido a los imbéciles, habría resultado más fácil librarse de ellos".

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