La ciudad y los días

Carlos Colón

Sedientos de catástrofes

HACE unos días, cuando Sánchez Gordillo montó el numerito de encadenarse a las rejas del Parlamento, el presidente de la Junta consideró "lamentable" que "un señor diputado, y que lleva bastantes meses, no utilice los instrumentos parlamentarios para plantear su reivindicaciones y exigir respuestas al Gobierno de la Junta". Recordando, de paso, que "curiosamente este señor diputado, en el tiempo que lleva en el Parlamento andaluz, no se ha atrevido todavía a plantear ninguna pregunta a la Junta con respecto a la financiación de las administraciones".

¿Se les habrá quedado chica a este señor y a sus colegas comunistas de coalición nuestra democracia parlamentaria? Porque igualmente lamentables fueron los hechos que se produjeron y las palabras que se dijeron durante el proceso de elección del coordinador de IU, en el que se escenificó una radicalidad planificada como estrategia de supervivencia para una ideología cuyos crímenes pasados son conocidos de todos, y ya no atribuibles a la propaganda imperialista como durante la Guerra Fría, y cuya mengua actual es evidente (en las últimas elecciones locales IU obtuvo el 8,37 %, en las autonómicas, el 5,13, y en las nacionales, el 3,30).

Sánchez Gordillo se despachó arremetiendo contra la socialdemocracia reformista y haciendo un canto a la izquierda revolucionaria, lo que podría interpretarse como una apología golpista contra el orden constitucional en el caso de que, en vez de a la cuarta (cambio rápido y profundo en cualquier cosa), se refiriera a la segunda acepción de la palabra revolución (cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación).

Valderas también pareció sucumbir al delirio de octubre de 1917, confundiendo a nuestro Rey con el zar y a Chaves con Kerensky, cuando invitó al abandono de los "palacios de mármol" (en referencia al Parlamento) y a recuperar la calle con "lo rojo" por bandera, aclamando al alcalde de Puerto Real (que ha dejado el CUT por el PCE) por haber insultado a los Reyes (momento en el que los delegados se alzaron gritando "España, mañana, será republicana").

Muerto sin honra el comunismo totalitario histórico en casi todas partes menos en China, Corea del Norte y Cuba, arrojando desde 1917 la cifra de más de 110 millones de asesinatos en tiempo de paz, y en crisis perpetua de refundación la izquierda no socialista europea, parece que la única estrategia que los dirigentes de IU ven viable es la del "cuanto peor, mejor", intentando seducir a los antisistema a la espera de que los efectos de la crisis hagan crecer la desesperación y el conflicto.

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