Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Seducción en época de celo

LOS 400 euros del cheque fiscal prometidos por el presidente Zapatero han provocado una respuesta amplia y, por lo general, con argumentos. Sin embargo, para la inmensa mayoría ese dinero supone la posibilidad de una paga extra después de años de bonanza en los que los Pizarro hicieron su mejor caja, aunque para éstos la calderilla nunca fue algo extra y los 400 euros sean sopa de monja...

El tira y afloja con la política fiscal entraña solemnes paradojas. Se supone que la reducción de impuestos contribuye al adelgazamiento del Estado y, por eso, los saldos y remates, si no fuese porque son en buena parte un recurso de seducción durante el celo electoral, supondrían recortes en la capacidad constructiva de los Gobiernos. La afirmación que señala que la medida de los 400 euros generará empleo implica, de algún modo, una transferencia o 'externalización' de ciertas líneas de las políticas públicas. Aunque, cabe matizar, en este caso se está operando en torno al hecho coyuntural del superávit presupuestario.

La escasa cultura política y el raquitismo de la sociedad civil presuponen una limitada conciencia ciudadana de cómo se emplean los recursos públicos. Prenden mejor en la opinión las alarmas de la corrupción y las malversaciones de unos pocos que aquellas aplicaciones regulares que permiten abrir cada mañana colegios, hospitales y servicios de todo tipo. Ahí está la expresión del esfuerzo colectivo del vecindario nacional, que es, vía impuestos, quien paga los gastos de comunidad del país.

Debería hacerse patente, ya desde la escuela, la naturaleza pública, gratuita y universal de la propia enseñanza, y el precio que representa cada puesto escolar. Entregar a los padres cheques simbólicos por el valor de la formación de sus hijos que no van a tener que abonar. Extender facturas de los servicios de salud que tampoco pagarán... Muchos universitarios creen que la enseñanza superior se sufraga con las tasas de matriculación, cuando cada alumno le cuesta al sistema unos 7.500 euros al año... Pero, además de cultivar la conciencia social de la solidaridad y la corresponsabilidad, es necesario disolver esa idea antigua del Gobierno benefactor, de donde emanan las propuestas providencialistas y graciables, como si los recursos que se manejan fuesen un maná que brota espontáneamente en las arcas del Estado.

Tal vez las rebajas de marzo, de unos y otros, sólo sean la expresión de unas prácticas políticas de bajo perfil ideológico, encomendadas a estrategas del marketing que resuelven con claves del mercado cualquier situación. Son los mismos que igual que nos venden la primavera en el mes de febrero, ahora, a río revuelto, pueden doblar el valor de nuestro dinero con un "véngase al paraíso de Jauja por sólo 400 euros: nosotros pagamos el viaje a su pareja".

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