Editorial

Seguridad carcelaria en entredicho

CONFORME pasan los días sin que sean capturados los dos presos que se fugaron de la cárcel Sevilla-I hace una semana se constata, con alarma, que la huida no fue un incidente casual, sino que sólo fue posible por el cúmulo de deficiencias que presenta el establecimiento penitenciario en materia de seguridad. Gracias a los testimonios de los funcionarios y guardias civiles adscritos a esta prisión, que funciona desde 1989 en su actual emplazamiento, se ha podido conocer que 11 de las 24 cámaras de vigilancia del centro no estaban operativas la noche del miércoles al jueves en que se produjo la fuga debido a que las fuertes lluvias registradas estropean la instalación eléctrica y las cámaras acaban apagándose, que los sensores de movimiento se encuentran averiados, que una valla metálica del perímetro interior de la cárcel se cayó debido también a la lluvia y que algunas garitas de vigilancia física tienen los cristales sucios desde hace años, dificultando la visión de los funcionarios encargados. Todo ello dibuja un panorama desalentador para los propios funcionarios de prisiones y Fuerzas de Seguridad del Estado y para la sociedad que confía al Estado la custodia de individuos condenados por delitos graves, como es el caso de uno de los prófugos, condenado por cuatro robos con fuerza y pendiente de un juicio por homicidio. Sobre Sevilla-I se proyecta la sospecha, convertida en denuncia parlamentaria desde 1989, de que en su construcción, contratada y subcontratada tres veces, se emplearon algunos materiales de dudosa calidad. Lo que no es sospecha, sino certeza es que el mantenimiento de la cárcel no ha sido el adecuado, como ponen de manifiesto las carencias antes citadas y las propias manifestaciones de las empresas llamadas a conservar las instalaciones en perfecto estado de revista. Instituciones Penitenciarias ha abierto una investigación sobre los fallos que se han producido para explicar la fuga. El expediente debería depurar las responsabilidades personales a que hubiere lugar, y también para hacer las inversiones necesarias a fin de que el lamentable episodio no se repita.

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