La esquina

josé / aguilar

Sensibilidad extrema

EN esta España de trincheras y banderías en la que todo lo vemos desde la óptica patológica del blanco o el negro y le negamos el pan y la sal al enemigo -porque no hay adversarios ni discrepantes, sino enemigos encarnizados- se está desarrollando también una extrema sensibilidad hacia la crítica. Hacia la crítica que a uno le hacen, no hacia la que uno realiza, por supuesto.

No hay colectivo de ningún ámbito de la vida pública que no se crea en posesión de la Verdad -si es con mayúsculas, mejor- y, en función de ello, intocable en sus pensamientos y actitudes. Todo el mundo está dotado de una piel extremadamente sensible al escrutinio ajeno. Cualquier grupo político, social o cultural que sea criticado por algo salta como accionado por un resorte: considera que se le quiere anatemizar, demonizar o criminalizar, tres grados distintos de una misma réplica defensiva y autoexculpatoria. Todo antes que sentirse responsable de nada.

Si se sugiere que los activistas del escrache desbordan el derecho de manifestación hasta incurrir en coacciones e intimidación, es que se les está criminalizando. Si se escribe que la familia Pujol parece haberse enriquecido a la sombra del poder de la Generalitat, es que se ataca a Cataluña y su derecho a decidir. Si se cuenta, vía instrucción judicial, que los sindicatos han sacado tajada del fraude de los ERE, sin duda es que se pretende destruir el sindicalismo y dejar a los trabajadores sin instrumentos de defensa. Una denuncia que afecte al Partido Popular siempre será despachada por éste como un intento de la oposición de conseguir por vías ilegítimas lo que las urnas le han negado, y un recordatorio de los años de Gobierno socialista será calificado impepinablemente por el PSOE como cortina de humo para cubrir las vergüenzas del Gobierno actual. Quien priorice los recursos escasos hacia la escuela pública qué duda cabe de que trabaja contra la libertad de enseñanza, y quien apueste por los conciertos educativos claro está que es partidario de una enseñanza elitista y clasista...

Como sigamos por este camino llegará el día en que a los corruptos no podamos llamarlos corruptos porque se enfadan y que los criminales se quejarán de que se les criminalice. Dejará de haber críticas constructivas y destructivas: todas serán mal encajadas. No habrá debates porque nadie querrá debatir, sino juntar a los suyos y jalearlos para combatir a los otros, que tampoco verán jamás la viga en el ojo propio.

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