la esquina

José Aguilar

Sensible pérdida

COMO se dice en los obituarios: es una sensible pérdida. Los socialistas andaluces han perdido las elecciones como partido, y eso es malo. Muchos socialistas las han perdido también a nivel personal, en sus vidas y haciendas particulares, y eso es aún peor. Para ellos.

No hay nada más desestabilizador para un partido político, para su paz interna y cohesión, que el ejército de militantes y simpatizantes desalojados de sus puestos de trabajo cuando sobreviene un fracaso electoral. Miles de personas se van a ver en las próximas semanas privados de los empleos que habían obtenido digitalmente -no a través de internet, sino a dedo- en los ayuntamientos y empresas municipales. El problema es que muchos de ellos no lograron esos empleos por su capacidad o valía profesional, sino por su adhesión o simpatía al partido que les puso.

Para este cupo de encarnetados, simpatizantes o adheridos las elecciones no han supuesto sólo el fiasco de un proyecto colectivo, sino también la llegada inhabitual de un drama personal y familiar (me refiero a aquellos que no son funcionarios o carecen de excedencia en sus anteriores ocupaciones profesionales). Sí, el partido de sus sueños y desvelos habrá menguado sus votos e influencias, pero es que ellos se van a ir directamente al desempleo, a hacer compañía al millón largo de andaluces que ya pueblan ese descampado social y personal.

Pero pasemos de la filosofía a los números, que pueden dar una idea más cabal de lo que estamos hablando. El 22-M el PSOE ha dejado de mandar en los ayuntamientos de Sevilla y Jaén y en cinco de las ocho diputaciones provinciales, y eso quiere decir que desde ahora los socialistas dejan de gestionar los más de 2.200 millones de euros que suman los presupuestos anuales de estas siete instituciones. Y ello sin contar con la sangría de puestos igualmente en peligro en Jerez, Algeciras, Antequera y demás consistorios descalabrados en las urnas.

Si me apuran, lo más sangrante para los socialistas va a ser el desalojo de las cinco diputaciones que han venido manejando, con algún altibajo puntual, desde hace treinta años. Las diputaciones constituyen un formidable aparato de poder y un caudal de fondos públicos impresionante. Su influencia política para el dominio de los pueblos es incalculable. Con sus presupuestos se puede influir notablemente en la voluntad de los ciudadanos menos urbanos y en sus organigramas, cada vez más complejos y frondosos, han tenido cobijo los alcaldes que han ido perdiendo las elecciones en sus localidades y los cargos orgánicos del partido cuyos sueldos se ha venido ahorrando la organización.

Lo dicho: una sensible pérdida.

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