Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Sentarse a esperar

LA diferencia más importante entre Podemos y el resto de los partidos es que mientras a PP y PSOE se les exigen todo tipo de garantías para darles apoyo, a los chicos de Pablo Iglesias no se les exige absolutamente nada. Escuchaba esta semana en una tertulia de radio -y lamento no recordar la paternidad de la frase- que Podemos no es un partido político, sino un estado de ánimo. No puedo estar más de acuerdo; le ha tocado la lotería y puede permitirse el lujo de configurarse como alternativa de gobierno sin tener que poner nada encima de la mesa. Le basta con su habilidad para capitalizar el enorme cabreo que hay en una sociedad golpeada por la crisis, por la ineficacia y por la falta de limpieza de la vida pública. En definitiva, por el modelo que hoy para mucha gente representan los partidos tradicionales. Eso hace, por ejemplo, que Podemos sea el factor clave de las próximas elecciones andaluzas a pesar de no contar en la región ni con estructuras, ni caras ni, por supuesto, programa y de presentar una cabeza de cartel tan débil y poco interesante como la eurodiputada Teresa Rodríguez, que nunca se ha visto en otra. Podemos ha comprendido que sólo tiene que hacer una cosa: sentarse a esperar y dejarse llevar por la ola de la indignación en la seguridad de que eso le dará mucho más rendimiento que comprometerse con medidas concretas que nunca podrán cumplir y que asustarán a ese electorado que hoy no duda en expresarles su respaldo. El barómetro del CIS hecho público esta semana refleja que con un discurso inexistente se pueden obtener apoyos insospechados. Sólo hay que poner en circulación unos cuantos tópicos a cuenta de la casta y de lo mal que va todo por su culpa.

La situación para el PSOE y el PP es justamente la contraria. Han perdido la confianza de la ciudadanía y su tarea más urgente es recuperarla, aunque sólo sea parcialmente. A los dos grandes partidos lo han abandonado las clases medias urbanas que eran su base de votantes y que han resultado especialmente castigadas por el deterioro de la situación económica y política. Volver a conectar con ese sector de la sociedad es una tarea difícil que sólo van a conseguir si son capaces de armar un discurso que logre convencer de que las cosas van a cambiar y de que los viejos modos de hacer política han quedado definitivamente desterrados. ¿Desde que en Andalucía se anunciaron las elecciones anticipadas han oído ustedes a Susana Díaz o Juanma Moreno algo capaz de generar expectativas de que con ellos llegan tiempos nuevos? Yo tampoco. Por ahora, los planteamientos no son muy diferentes a los de hace cuatro u ocho años y ésos ya no valen. Cierto que la situación política de Andalucía cada vez se parece menos a la del conjunto de España y que aquí el PSOE cuenta con una base muy fuerte y con un liderazgo, el de Susana Díaz, a fuerza de reveses. Esta semana, sin ir más lejos, la dirigente andaluza ha sabido sortear los malos datos del paro del inicio del año y la crisis en la sanidad por la mala gestión de la bolsa de eventuales, dos aspectos muy sensibles de la agenda política andaluza. Pero Díaz necesita dar respuesta a las demandas de cambio que también se dibujan en la sociedad andaluza. Podemos ha llegado para quedarse y, sin tener que hacer nada, se va a meter hasta la cocina en el Parlamento andaluz donde se va a convertir en una fuerza clave. Ha quitado de en medio a Izquierda Unida y, se quiera ver o no, es ya una amenaza clara para el PSOE. Lo último que tienen que hacer los políticos andaluces es no hacer nada.

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