Remedios Navarro

Sevilla, Ciudad de la ópera

ANTE la celebración, mañana, de un nuevo Día Europeo de la Ópera, me es particularmente grato alabar y proclamar las extraordinarias posibilidades culturales y turísticas de Sevilla como Ciudad de la ópera. Un título en absoluto retórico para una ciudad que ha servido de escenario o es citada, nada más y nada menos, que en unos 128 títulos de ópera.

Ninguna otra ciudad del mundo, ni siquiera Roma, París o Venecia puede rivalizar con nuestro desbordante magnetismo operístico sostenido sobre pilares tan subyugantes e imperecederos como Mozart, Beethoven, Rossini, Donizetti, Verdi o Bizet. Un fabuloso patrimonio inmaterial que, por supuesto, también nos obliga a que lo defendamos, lo preservemos, lo difundamos y lo optimicemos, pues esa herencia es un tesoro musical que, sumado a otros o por sí solo, dota a Sevilla de algo que muy pocas ciudades poseen en el mundo: una recia identidad cultural, un excitante magnetismo internacional. En definitiva, algo que las ciudades no pueden comprar: prestigio.

En el Teatro de la Maestranza, que me honro en dirigir, así como en Ópera XXI, la Asociación de Teatros, Festivales y Temporadas de Ópera de España de la que en este momento soy vicepresidenta, somos conscientes del gran reto al que ese legado nos somete. Y, en la medida de nuestras posibilidades -desgraciadamente, hoy, no muy boyantes- hemos rescatado y dado nueva vida a algunos de los tesoros ocultos de ese patrimonio.

Hemos recuperado obras desaparecidas y la propia figura de nuestro músico más influyente: Manuel García. Hemos recuperado títulos de Donizetti, bien ambientados en Sevilla o en la atmósfera orientalista y alhambrista que tanto sedujo y atrajo a los creadores románticos hacia Andalucía. Hemos actualizado la imagen de Sevilla en nuevas producciones de obras de Mozart o Rossini contempladas a la luz de nuestros días. Porque la herencia del pasado ha de ser, forzosamente, actualizada -y esa es la primera obligación de un teatro: estar vivo y conectado con su tiempo- si no quiere caducar para siempre y marchitarse.

Al cabo de sus primeros 20 años de trayectoria, a cuya celebración me permito ya invitarles el año próximo, en el Maestranza hemos logrado algunos objetivos. El primero y más importante: devolver la ópera a Sevilla. Porque era una terrible paradoja que una ciudad con semejante patrimonio lírico careciera de representaciones operísticas. Todos podemos sentirnos orgullosos: ese déficit ha sido cubierto y, perdón por el atrevimiento, con nota. Porque en el Maestranza sentimos con tanta intensidad el calor y el apoyo del público a nuestras programaciones, que sabemos de sobra que el renacer de la lírica en Sevilla no es una moda social o pasajera, sino un hecho masivo, absolutamente consolidado.

Sin embargo, tenemos todavía mucho camino por delante. Esa inagotable Ciudad de la ópera llamada Sevilla nos exige renovar esfuerzos. Numerosos títulos importantes reclaman aún una oportunidad en el nuevo milenio. Dársela es una responsabilidad cultural, pero también una lícita y estratégica opción turística, económica, industrial. El circuito melómano internacional, el mismo que todos los años colma las expectativas de festivales como Salzburgo, donde reina Mozart; Bayreuth, donde Wagner recibe su tributo, o Pesaro, el templo de Rossini, espera también una oportunidad para incluir la Sevilla de las 128 óperas en su ruta.

Nuestra obligación es atraer a ese público deseoso de ver una Carmen, un Barbero de Sevilla, o una Forza del destino en la ciudad donde su acción argumental evoca o transcurre. La ópera es una de las más sólidas industrias culturales de las últimas décadas, su potencialidad turística es extraordinaria y, como tal, así la gestionamos en este Teatro. Porque la geografía de la ópera no es sólo culta o sentimental: es física, se puede tocar, está plagada de lugares que, como los jardines del Alcázar en nuestra Favorita de Donizetti de esta temporada, vienen a formar una ruta lírica tan sorprendente como privilegiada. Muchos melómanos recorren cada año ese circuito en los mejores teatros del mundo y Sevilla, que ha obrado el fascinante milagro de confundir el mito con la realidad en la legendaria geografía operística en la que vivirán eternamente Carmen o Don Giovanni, es un destino natural de primer orden en el género que todos, aquí, tenemos la obligación de optimizar.

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