Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

Sevilla Lisboa

SIEMPRE me ha parecido Lisboa una de las ciudades más bellas de Europa. Su emplazamiento está a la altura de Estambul, Nápoles y pocas más. Y sin duda Lisboa es una de las más atractivas. Ya saben que no es lo mismo bello que atractivo. La belleza puede ser distante, fría y reflexiva. El atractivo busca la proximidad, despierta el interés, emociona. Así me parece Lisboa. No se entrega fácilmente al visitante. Exige dedicación y mimo. Poco a poco te descubre su paisaje, los barrios, sus edificios, su vida callejera, las ricas pastelerías llenas de dulces, los pequeños locales de comida, la vida reposada de sus habitantes y su don para los idiomas, que facilita enormemente las relaciones.

He ido estos días a Lisboa para presentar un trabajo sobre el famoso corral de comedias de la ciudad, el Patio de las Arcas, desaparecido con el terremoto de 1755, que hemos estudiado y reconstruido virtualmente un equipo multidisciplinar sevillano y lisboeta. La ponencia fue en el marco de un congreso internacional organizado por la Facultad de Letras local. Unas cien personas, alumnos y profesores, escucharon con atención nuestra exposición, que traía indudables ecos de las relaciones entre nuestras ciudades, ya que las principales compañías de teatro del Siglo de Oro actuaban en Madrid, Sevilla y Lisboa. Una añoranza de tiempos de mayores y mejores vínculos entre Sevilla y Lisboa.

En un rato de descanso, fuimos a ver la exposición El brillo de las ciudades, la ruta del azulejo, que se exhibe en la Fundación Gulbenkian. Una extraordinaria muestra donde se resume en una estupenda selección, lo mejor de la azulejería española, portuguesa y de otros países, desde los arqueros de la antigua Persia hasta las piezas de catálogo del modernismo vienes. Un gran esfuerzo de organización reunir tantas piezas valiosas de diferentes procedencias. Un magnífico trabajo en el que ha tenido un papel destacado el profesor Alfonso Pleguezuelo de la Universidad de Sevilla, reconociendo así su magisterio en la cerámica. Y desde las salas de la muestra, nuevamente salía a nuestro encuentro las relaciones entre nuestras dos ciudades a través de destacadas muestras de azulejos. Paños de alicatados del Alcazar, un mural cerámico de la Inmaculada procedente del convento de la Merced, etc... Y como tema cromático dominante una gama inacabable de bellos azules, que destacaban sobre los ocres y blancos de los paneles de la exposición.

Ayer pensaba, que teniendo tantas cosas en común Sevilla y Lisboa, que difícil resulta desplazarse entre ambas ciudades sin recurrir al coche particular. Ya les he contado que no conduzco. Y cómo me gusta viajar en tren. La opción era viajar toda la noche en un autobús u organizar un viaje entre unos amigos en un coche y compartir gastos. ¡Cómo echo de menos de vez en cuando una buena conexión en ferrocarril entre nuestras dos ciudades! Y de camino que nos acercara a Badajoz y a otras ciudades extremeñas. Ya sé que los tiempos no están para lujos, pero ¿de verdad es un lujo tener bien comunicadas con transporte público nuestras principales ciudades?

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