La ciudad y los días

Carlos Colón

Sevilla año 0

Aquienes dicen que el centro está más vivo, que da gusto pasear por la Avenida sin coches, que se ha solucionado el problema tan largamente aplazado del deterioro -social y urbanístico- de la Alameda y las 30 vergüenzas de los 30 años que se llevó la Encarnación convertida en un solar y el mercado confinado en una "instalación provisional", que es una gloria ver a los niños jugar en la Alfalfa que hasta hace poco era un garaje, les digo: tenéis razóný pero, ¿era necesario convertir la Avenida en un triste, plano y gris espacio totalitario surcado por un artefacto absurdo y carísimo para hacerla peatonal? ¿No hubiera sido mejor recuperar el adoquinado, tan hermoso en los cascos históricos, que los franquistas sepultaron bajo el asfalto que para ellos representaba "lo moderno", y las aceras que regularían el flujo ahora caótico de paseantes, ciclistas y Metrocentro? ¿No hubiera sido preferible una flotilla de microbuses no contaminantes, en espera de que el Metro llegara al centro, al despilfarro del Metrocentro y el disparate de las catenarias que ahora se prorrogan sin fecha de retirada?

Tenéis razóný pero, ¿era necesario convertir la Alameda en un desierto asolado y enlosado, sin albero ni jardincillos? ¿Era necesario alzar el caro artefacto de las setas para solucionar la vergüenza de la Encarnación? ¿Era necesario desfigurar con caprichos de arquitecto arrogante que desprecia cuanto ignora la plaza del Pan o la Alfalfa para que los niños las disfruten? ¿Era necesario quitar los adoquines rojizos de la Plaza del Pan para ello? ¿No hubieran jugado los niños en una Alfalfa sin coches, pero con aceras y adoquines (aunque sean sin relieve, como los de Virgen de los Reyes o Contratación)?

¿Acaso peatonalizar equivale a asolar y modernidad -como durante el franquismo- a destrucción del patrimonio? ¿Los niños de Sevilla, como los rossellinianos de Alemania año 0, sólo pueden jugar sobre las ruinas de la ciudad histórica? ¿Vida y conservación son incompatibles? ¿No hubiera sido muchísimo más barato devolverle al centro histórico lo que el franquismo le quitó y destinar los muchos millones despilfarrados en las setas, el Metrocentro o el asolamiento de la Alameda, la Plaza del Pan y la Alfalfa a sacar de su marginalidad a unos barrios e impedir que otros, que fueron amable y honradamente trabajadores no hace tantos años, sigan deslizándose hacia ella? ¿Es progresista pagar el bienestar al precio de la destrucción del patrimonio, o más bien sería lo propio de la derecha más agresivamente desarrollista y más brutalmente ajena a todo valor humano y humanístico?

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