Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Sevilla ha dejado claro que no es una ONG

HACE un año, justamente un año, el sevillismo se soliviantaba con la noticia de que Unai negociaba con el Nápoles y hoy se tranquiliza al enterarse de que Monchi, aunque a la fuerza, seguirá en la sala de operaciones del Sevilla. Curiosamente, un año entre ambas tempestades, que de tempestades hay que calificar los devaneos de Unai con el club partenopeo y de tsunami la que ha formado Monchi en el corazón de su club de siempre.

Aquello de Unai generó un desencuentro lógico con la cúpula del Sevilla que duró todo el tiempo vacacional para subsanarse con el partidazo de Tbilisi frente al Barça. Luego, cuando la Liga no iba saliendo como decía guión, volvió la pelusilla para que la normalidad retornase a triunfo limpio. Y ya nadie recuerda que el entrenador más exitoso de la historia del Sevilla le puso los cuernos al club creyendo que aquello no trascendería, pero pelillos a la mar y punto.

Y al año de aquello, otro huracán doméstico como el protagonizado por Monchi y abortado, por el momento, por el club. Muchos critican la medida de hacer pagar por su marcha al gestor deportivo de la década prodigiosa, pero hay que considerar que un club de fútbol no es una ONG. Por ello, ha hecho estupendamente el Sevilla en atenerse a la letra firmada aun sabiendo que difícilmente las relaciones con su director deportivo van a ser como eran y eso es preocupante.

No tienen razón los que tildan de desagradecido al Sevilla por no dejar a Monchi hacer lo que le pide el cuerpo. Otra cosa es si las relaciones podrán recobrar la normalidad alterada en la tarde de San Fernando. Sí juegan a favor los precedentes, pues ya quiso Monchi abandonar la nave hace diez años, justo en la primavera de 2006, días antes del gol de Puerta al Schalke. Entonces se abortó su marcha al Almería y nada se alteró, conque ¿por qué no igual esta segunda vez?

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