Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Sevilla y la imaginación

Rentabilizar el césped que ha de ser reemplazado es una muestra más de que con cabeza nada es imposible

LLEVAR la imaginación al poder fue el eslogan más imaginativo del Mayo Francés, de aquel mayo de 1968 en que la juventud estudiantil se levantó en armas contra todo el sistema. Lo de la imaginación al poder surgió en uno de los grupos más activos en aquella revolución cultural, los situacionistas, y con el tiempo iba a convertirse en faro y guía de una sociedad en que prevalecería la imagen de marca. Los encargados de marketing iban a basarse en ese eslogan parisino para sus feroces campañas publicitarias y en el fútbol de la hora, camarón que se duerme se lo lleva la corriente y hay que usar la imaginación sobre todas las cosas.

Y en esta Sevilla que anda con el corazón más partido que nunca, con una parte de ella preñada de gozo y la otra arañándose por las esquinas, resulta que un club funciona bajo la premisa entonces revolucionaria de llevar la imaginación al poder con todo éxito. El Sevilla Fútbol Club es un ejemplo continuo de pragmatismo a la hora de obtener recursos por medio de la inteligencia. Inteligencia e imaginación aunados que permitieron al club salir del caos económico en que lo dejaron para, tras una transición bastante rápida, ir a la hermosa tarea de convertirse en aventajado almacenista de plata para su sala de trofeos. Y todo con la imaginación por bandera.

Entre las medidas que nacen de una imaginación sin horas muertas, ahora ha surgido lo de rentabilizar un objeto que, vendido por los imaginativos ejecutivos sevillistas, ya es un símbolo, el césped del Sánchez Pizjuán. El césped donde Puerta hizo aquel gol al Schalke que sería la llave para el aluvión de alegrías que vino luego, donde mordió el polvo el Arsenal de Wenger o el que sirvió para que Perotti lograse el pasaporte para una nueva Champions, césped troceado para que cada sevillista lo tenga como reliquia mediante el correspondiente pago de su importe. Demostración palmaria de que con imaginación no hacen falta magnates ni, mucho menos, diteros.

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