Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Sevilla llega bien colocado

Viendo el panorama que le rodea, el equipo de Jiménez tiene a la mano el jugar otra vez su torneo favorito

ENFILA el curso la singladura definitiva y el Sevilla está colocado para dar el salto en el momento adecuado. No sólo depende de sí mismo, pero echando la vista atrás, repasando las vicisitudes que dicho curso le deparó, el panorama es envidiable. Por supuesto que la Champions está lejos, pero tampoco es el Atlético de Madrid un paradigma de la fiabilidad y tirarse al callejón está con letras gruesas en el ideario del tercer club de España. No tiene margen para el error el Sevilla y si eso lo lleva a cabo, seguro que los rojiblancos de la capital dan alguna espantá, una más de las muchas que jalonan su historia de equipo irregular.

Está complicado entrar en Champions, pero si hay alguna novedad en esa zona llegará con nombre y apellidos, Sevilla Fútbol Club, seguro. Por demás, un puesto en la Copa de la UEFA puede darse por seguro. Un auténtico cataclismo tendría que sobrevenir para que el Sevilla de Manolo Jiménez no jugase el próximo ejercicio su torneo favorito. Ahí sí que tiene los pies bien asentados y, debiendo ir a Santander, nada tendría de extraño que incluso adelantase al equipo montañés, ese equipo revelación que parece en el camino de desinflarse tras haber hecho la mejor campaña de su historia bajo la batuta de ese gran técnico que es el asturiano Marcelino, ¿le suena?

Tiene un mérito excepcional el Sevilla, que cualquier otro se habría desintegrado con que le hubiese pasado sólo la mitad de lo que ha sucedido por Nervión. La otra tarde ante el Villarreal demostró que llega al tramo final con los niveles en su punto, rápido y resistente, concentrado y bien puesto; ha llegado a la parte decisiva en un estado óptimo y, lo mejor de todo, colocado para dar el salto. Sólo un peligro para que las cosas no salgan como se espera, la desestabilización que puede sufrir el vestuario con tanto rumor como llega de fuera. Y es que raro es el día que no surge el bulo, rumor o macutazo de que Daniel, o Luis Fabiano, se van a fin de curso. Y eso es malo.

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