Editorial

Sevilla: nueve meses para las elecciones

EL final de las vacaciones estivales marca el inicio de un nuevo curso político que en Sevilla va a estar inevitablemente marcado por las largas vísperas -nueve meses- de las próximas elecciones municipales. En ellas el PSOE disputa la Alcaldía hispalense con un nuevo candidato -Juan Espadas, ex consejero de Vivienda- y el PP tratará, con Juan Ignacio Zoido como cabeza de lista, de superar el escenario político de hace ahora tres años y medio, en el que logró una mayoría que a la postre no resultó suficientemente holgada para poder gobernar la ciudad. Ambas fuerzas políticas se juegan mucho estos comicios locales. El PP, además de la Alcaldía de la capital regional, ya ha hecho una lectura en clave autonómica: las aspiraciones de Javier Arenas de llegar algún día a presidir la Junta pasan, según su propio análisis, por cuáles sean los resultados de Sevilla. El PSOE está en una coyuntura similar: los comicios servirán, entre otras cosas, para medir el éxito de las apuestas municipales de la nueva dirección regional o el grado de acierto de la operación política, auspiciada por la dirección provincial del PSOE, para relevar a Monteseirín. Ambas circunstancias, sin embargo, tienen poco que ver, por no decir casi nada, con las prioridades reales de Sevilla. No sería por tanto positivo que la agenda política estuviera marcada únicamente por los objetivos electorales en lugar de atender otras necesidades mucho más urgentes y reales. La ciudad tiene que enfrentarse a corto plazo a problemas de verdadera enjundia: la necesidad de reactivar la actividad económica (el campo de acción local se limita al urbanismo), la terminación de las grandes obras cuya ejecución está a medias o retrasada (Encarnación), el diseño de la red de Metro o la adaptación de la actual estructura municipal a un contexto económico de menores ingresos, carestía presupuestaria y austeridad. Asuntos más que relevantes para ocupar el tiempo de los representantes políticos. A nueve meses de las elecciones, los dos grandes partidos deberían pensar más en la ciudad que en sí mismos. El nuevo curso político, aunque parezca imposible, no debería estar marcado por lo electoral, sino por lo institucional.

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