editorial

Sevilla no puede renunciar al Metro

LA decisión de la Junta de Andalucía de paralizar los trabajos de las nuevas líneas del Metro de Sevilla, cuya red integral ya está definida en el ámbito técnico, ha causado un lógico desconcierto en los principales foros políticos, económicos y sociales de la ciudad. No por previsible, la nueva posición del Gobierno andaluz carece de trascendencia. A la idea de dejar en suspenso la construcción del ferrocarril metropolitano, que Sevilla ha tenido que esperar durante más de tres décadas, mucho más que cualquier otra gran ciudad española, se le añade una incertidumbre, si cabe, aún más precupante: ya no existe un horizonte temporal cierto, ni demasiada voluntad institucional, para retomar este proyecto, ni siquiera en el supuesto de que la situación económica mejore. Es justo esta cuestión, el cierre de todas las posibles expectativas a futuro, la que resulta inaceptable para los ciudadanos, que saben que los problemas de movilidad de la capital de Andalucía empeorarán si no cuenta con un ferrocarril urbano integral. Convendría, sin embargo, abordar la cuestión sin demagogia, con realismo y sin retórica. Lo que hace falta son soluciones, no declaraciones grandilocuentes. No es un tema de principios ni dignidad. La solución que requiere el proyecto ni es de índole técnica ni política, sino financiera. Por este sendero deberían caminar juntos la Junta y el Ayuntamiento, sin entrar en una batalla estéril y partidista que no va a contribuir a desbloquear el proyecto. La línea 1, cuyo funcionamiento es ejemplar, fue resultado de la concertación con la iniciativa privada: la Administración definió el Metro que Sevilla necesitaba y el sector privado se encargó de su ejecución y posterior explotación. Es el camino que ahora se debe seguir. Más que confrontación, los líderes políticos deben poner encima de la mesa fórmulas para atraer inversores con músculo financiero propio, no dependientes de ayudas públicas, capaces de sacar el reto adelante. Los ajustes presupuestarios son un inconveniente, pero no pueden aceptarse como excusa para volver a enterrar un proyecto vital para Sevilla.

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