PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Sevillanas del nubarrón

HAY que renovar el fondo de armario feriante. Los complementos del traje de flamenca deben incluir la gabardina con lunares y volantes, las botas de agua con tacón, el paraguas con flecos de mantoncillo. Es más propio para cantar y a bailar las sevillanas del nubarrón. Porque, a ciertas horas, la Feria no parecía Sevilla sino un campo de refugiados a la espera de la llegada de refuerzos y ayuda solidaria. Y en eso llegó Kofi Annan sin los cascos azules. Poco le falta a los feriantes y a los gestores de bares en las casetas para que pidan la declaración de zona catastrófica. En la Feria diurna, ayer se impuso el miedo escénico a la lluvia.

Mientras Zapatero dice desaceleración y todos entienden crisis, Sevilla lucha en la Feria contra viento y marea para dar ejemplo de sostenibilidad, con los caballos sin salir de las cuadras y los toros devueltos a las dehesas. Es una ciudad ecológica con aparcamientos como los del Charco de la Pava, paisaje marismeño cuando arrecia el chaparrón. Y contribuye a la reducción en la emisión de humos cuando el palo del churrero está a media asta por exceso de chubascos.

La única caseta incólume al temporal es la de oro que pusieron en manos del cardenal Amigo como premio de sevillanía. Al no estar bien visto que los ministros de la Iglesia transiten por el reino del fino y la manzanilla, le hicieron entrega del obsequio en el Palacio Arzobispal. Pero los terrenos de la jarana fueron por dos veces real de la predicación de un Papa a unos feligreses que le cantaban por sevillanas. Exorcismo hispalense en la Calle del Infierno. Algo tendrá el agua que cae en la Feria cuando la bendicen. Aunque a corto plazo le está haciendo la pascua a muchas familias.

Mientras se organizan rogativas espontáneas implorando un fin de semana soleado, el PSOE e IU litigan en la Caseta Municipal por el racionamiento de la alimentación al personal que trabaja en la misma para atender a miles de personas invitadas al agasajo y al condumio. Qué manera de dar el cante. Son las trastiendas de la Feria del photomatón.

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