PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El Silencio del machismo

TRES hermandades de la Semana Santa de Sevilla no reforman sus reglas para reconocer el derecho de sus hermanas a procesionar. Por lo tanto, la noticia sigue siendo que el hombre muerde al perro, y no que la del Gran Poder al fin asuma la igualdad de sexos siquiera por una madrugada al año. El interés del tema está ligado a la importancia que las hermandades tienen en la vida social, y denota el grado de evolución o inmovilismo que deja su impronta. Más de diez años hace que el Arzobispado dio su espaldarazo a la apertura, y aún no ha concluido el proceso. Muchos hombres lo han aceptado a regañadientes (pese a ser abogados, notarios, profesores universitarios o magistrados porque los títulos enmarcados no garantizan la altura de miras) y algunos se resisten, como adalides del machismo asociativo. Hagan la traslación: si ellos mandaran en el conjunto de la ciudad como influyen en sus hermandades, sin los contrapesos ni cortapisas de una sociedad con equilibrio de poderes, a qué ritmo funcionaría Sevilla y adónde nos llevarían. Pensarlo es una penitencia saludable.

El Silencio, cuyo hermano mayor es Antonio Rodríguez Cordero; la Quinta Angustia, comandada por Manuel Losada Serra, y el Santo Entierro, dirigida por Luis Miguel Onieva Giménez, encarnan el rol de irreductibles del machismo y del inmovilismo. Bien fácil es reconocerles ese derecho a las mujeres, no hace falta esperar a que una lo solicite, ni a que otra quiera sacar papeleta de sitio. Lo importante es la norma, no el número de nazarenas. Tenían a su favor que iban a ponerse al día el Gran Poder, el Amor, las Penas y otras de las que formaban parte del vagón de cola. En esa bulla podían haberse metido para dar carpetazo a este anacronismo. Ni por esas. Y con sus últimas excusas incurren en un ridículo de chirigota. Esgrimen, por ejemplo, que no pueden hacerlo porque están centrados en la crítica al aborto. ¿Acaso las demás hermandades son proabortistas?

Los hermanos mayores del Silencio y del Santo Entierro formaban parte ayer de una mesa redonda sobre transmisión de la fe en la familia, junto a miembros de la Asociación Católica de Propagandistas, en un foro de católicos y vida pública. A lo que se ve, en su modelo de familia las esposas, madres, hijas, sobrinas, tías, primas, abuelas, cuñadas y suegras no tienen derecho a protagonismo ni a vida pública. En este evento, titulado Testimonio cristiano en una sociedad laicista, a lo largo de dos días, han intervenido 22 personas, comenzando por el arzobispo Asenjo, que presidió la inauguración. Los 22 son hombres. Todo un síntoma. ¿La sociedad sólo es cosa de hombres? Por eso no es anecdótico el capítulo de las nazarenas.

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